Las Manos De Mi Madre

Publiqué en las redes sociales una foto con las manos de mi mamá, junto a las de mi hija y las mías. Las respuestas y comentarios me inspiraron a escribir que las manos de mi madre, son aquellas que se negaron a tocarme los primeros meses de mi vida, hasta comprobar que no llevaba en mí la misma enfermedad que había matado a mis dos hermanitas. Esas manos que morían por tenerme en brazos y acariciarme, llegaron a un acuerdo con mi padre de no encariñarse con la recién nacida “por si acaso”.

Luego esas manos me alimentaron de comida sana, tortas de chocolate, de amor, de mimos y de cuidados por muchas décadas.

Esas manos siempre estaban listas para todos. Familia, amigos y desconocidos.

Esas manos se fueron arrugando, manchando, llenando de artritis y dolores, pero nunca dejaron de coser ropa, de cocinar mis platos favoritos, de organizar álbumes de fotos, cajones y todo aquello que le pusiese delante ante su pregunta de ¿en qué te puedo ayudar?

Esas manos cuidaron a su marido durante 64 años como una experta y una amante eterna.

Esas manos siguieron haciendo y enseñando cerámica y escultura hasta su partida a los 91.

Esas manos cuidaron con un amor infinito a su nieta adorada, la misma que hacía bailar de amor a su corazón. Esas manos le cocinaban, le cosían, le enseñaban todo lo que podían transmitirle a ese ser que le dio sólo alegrías durante sus 22 años de vida.

Esas manos abrían la computadora que contenía mis notas y que mi madre me leía mientras yo manejaba para trabajar en Hola TV y me ayudaban a memorizar la información que grabaría un rato más tarde.

Esas manos aún jugaban a las cartas y a los dados, hacían crucigramas a diario manteniendo intacto su cerebro, acomodaban placares, escribían emails, pagaban cuentas, hacían cuentas con lápiz y cargaban las bolsas del supermercado.

Esas manos de piel tan suave pero sin huellas digitales tras tantos años trabajando con la arcilla, que le dieron infinidad de problemas con la documentación inmigratoria a EEUU, se fueron para no volver.

Esas manos, deben estar tejiendo bufandas a los ángeles para que no se resfríen.