De Una Argentina Emigrada

Mi padre coleccionaba frases. Miles de ellas. Había memorizado centenares, las cuales utilizaba constantemente cuando la ocasión lo ameritaba, y así, a fuego por repetición, fui aprendiéndolas. Una de ellas era “no se puede ir por el mundo educando a la gente”. De esa forma definía que quienes contrastaban con su educación, su honestidad y su exigente puntualidad, no podían ser transformados. Había que aguantarlos tal cual eran.

El culto y cultivo a la típica actitud pedante y pagada de sí mismo del porteño típico, esa que da origen a los innumerables cuentos y chistes creados a partir de la “idiosincrasia argentina”, esos que escuchamos sobre nosotros mismos en otras latitudes fuera de nuestras fronteras, el ventajita, el piola, el advenedizo, el que se las sabe todas, el que es más inteligente que los demás, el que se las arregla para romper las reglas y leyes y se sale con la suya…el Isidoro Cañones, es parte de nuestro ADN.

Les confieso que cada vez que alguien de otros países hispanoparlantes me pide confirmación sobre mi nacionalidad, mi respuesta es: “soy argentina, pero no es mi culpa”. La inmediata reacción en forma de carcajada, confirma que lo que piensan otros sobre nosotros, es eso. Los fanfarrones, soberbios argentinos.

Muchos de quienes podrán ofenderse con mis palabras y no admiten ser representados por semejante definición, necesitan volver a mirarse al espejo. Que levante la mano el compatriota que nunca pagó una coima. Tanto al agente de policía que le iba a poner una multa, o al viejo acomodador del cine que elegía mejor la butaca. O a quien te facilitó un trámite engorroso. Que levante la mano quien nunca compró dólares en el mercado negro. O que no hizo maniobras para evitar pagar impuestos. O que respeta las señales de “pare” en las esquinas. O que nunca estacionó donde dice “prohibido estacionar” o manejó más allá de la velocidad máxima permitida.

Las décadas de gobiernos populistas han reducido notablemente la proporción de quienes podrían levantar la mano en el párrafo anterior, a fuerza de mensajes demagógicos y una marcada decadencia en la educación.

Mi pareja es un norteamericano hijo de argentinos. Es abogado y se ocupa de temas de inmigración. Hace 30 años que ejerce. Tiene gran experiencia y trabaja con muchos clientes latinoamericanos. Tenemos mentalidades parecidas a otras nacionalidades. Pero el argentino supera todo. No viene a consultarlo: “viene a decirle lo que hay que hacer”. Y si puede atender sus casos gratis, seria ideal. Quieren todo, pero pagar por nada.

El resultado de las elecciones generales, demuestran que el “no tan fino” trabajo de algunas administraciones han logrado deshacer lo que el país había logrado en sus primeras décadas de creación: el orgullo de ser argentino, la cultura del trabajo, la educación pública que nos dió premios Nobel, parecen formar parte de un pasado glorioso que no tuvo la energía suficiente para llegar al presente.

El país no desapareció, y su matriz original tampoco. Habrá que ver si los antónimos de Isidoro Cañones tienen la valentía y fuerza de seguir remando en un río de dulce de leche, como dicen por allá.

No Vivimos En Tiempos Normales

Anoche asistí a un evento social que se llevaba a cabo en una sinagoga local. Estacioné mi auto junto a muchos otros, le pregunté al policía que estaba en la puerta por donde se entraba, caminé junto a otras personas hacia el lugar, entré, me registré. Había comida y me serví algo, me senté en una mesa con desconocidos y me presenté iniciando varias conversaciones interesantes. Nada de lo que dije se sale de un evento enmarcado en la mayor de las normalidades.

Sin embargo, hubo un detalle diferente. Algo que nunca me pasó antes. Cuando estacioné el auto y vi que como única medida de seguridad, había un solo policía armado frente a la institución religiosa judía, y que ni siquiera se encontraba en estado de máxima alerta, sino que estaba relajado conversando con dos personas, se me cruzaron unos pensamientos algo paranoicos. O dados los últimos hechos registrados en este país (y en otros) quizás no sea tan paranoico.

Pensé lo siguiente: si a un terrorista, llámese islámico o de la ultraderecha nazi o de donde sea, se le ocurre atacar éste templo ahora, ese policía muere antes que nadie de un tiro, sin saber que le pasó, y las próximas victimas estamos completamente indefensas. No me bajé del coche sin antes enviarles un mensaje a mi hija y a mi prometido, con la siguiente leyenda: “estoy entrando a una sinagoga. Si algo me pasara, quiero que sepan que los amo”.

Este es el mundo en el que vivimos. Salir de casa siempre es un riesgo. Como decían nuestras abuelas “te puede pisar un camión”. Pero hoy, más que nunca, ir a un centro comercial, un cine, una discoteca, una mezquita, una iglesia o una sinagoga, o simplemente pasar por la vereda de una de ellas, puede ser lo último que hagamos.

Veamos solo algunos datos de EEUU del 2019, donde la epidemia de tiroteos masivos no parece tener solución.

Según Wikipedia, hasta el 24 de septiembre del corriente año, hubo 334 tiroteos masivos, con 1.684 victimas, de las cuales 377 murieron y 1.347 resultaron heridas. Hay que considerar que de esos heridos, muchos nunca volverán a tener la vida que gozaron hasta ese momento.

¡Eso determina un promedio de 1,24 tiroteos masivos por día! ¿Soy realmente paranoica o existe una posibilidad cierta de que “algo me pase a mi o mi familia”, y no solamente a “los demás”?

Los miembros del congreso y el senado, acusados de estar en los bolsillos del lobby de las armas, como la poderosa organización nacional del rifle (NRA por sus siglas en inglés) no mueven un dedo para cambiar o prevenir estas masacres.

Lamento no terminar éste ensayo con una nota optimista como lo hago habitualmente.

Habrá que portarse bien y rezarle al dios indicado. Por el momento al menos, estamos en manos de unos cuantos locos y otros cuantos malos muy peligrosos y fuertemente armados. Los superhéroes de las películas no están disponibles para defendernos.

 

 

 

Somos Unos Privilegiados

En los años 90, existía en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires una “Villa Miseria” como se dió en llamar a asentamientos informales, justo detrás de la Ciudad Universitaria. Allí, escondida a plena vista, a pasos del aeropuerto metropolitano, elegantes restaurantes y lugares bailables donde se reunía (o nos reuníamos debería decir) las clases media alta y alta del país a tomar champán y bailar música importada (en esa época aún no se usaba la cumbia). Vivían en ella una enorme cantidad de personas que no contaban con sus necesidades básicas cubiertas. No había agua corriente, ni luz, ni cloacas, ni calles. Sólo barro y casillas construidas con lo que encontraban.

Esta villa tenía una característica diferente de tantas otras. La llamaban la “Villa Gay”, porque entre sus habitantes había un alto porcentaje de homosexuales, que entre otros casos eran expulsados del seno familiar, perseguidos por la policía o discriminados por su orientación sexual. No podían conseguir empleo y antes que bajo un puente, preferían vivir en ése lugar. Según crónicas de la época unas 300 personas vivían allí.

No tengo idea cómo llegué a ese lugar. Lo que sé es que una vez que lo descubrí no pude dejar de ir lo más seguido que mi apretada agenda laboral y de madre sola me permitían.

Tenía una camioneta que había importado con mi mudanza desde Nueva York (una Mitsubishi Montero para los tuercas) en la que cabían muchas cosas. Iba a Makro (el COSTCO local), compraba papel higiénico, jabón, champú, comida en latas, pañales, leche en polvo y otras cosas. Además molestaba a mis amigos y compañeros de trabajo muy seguido pidiendo que me donaran ropa usada, lo que le quedaba chico a sus hijos, lo que sea.

Los sábados en los que mi hija estaba con su papá, me acercaba a ésta población, que también contaba con muchas familias desplazadas. No había forma de entrar profundamente al asentamiento, y menos cargar las cosas, así que me aproximaba lo más posible y tocaba bocina hasta que la gente empezaba a venir hacia mi. Se llevaban algunas cosas. Nunca vi que alguien quisiera tomar más de lo debido. Al contrario, se ofrecían a cargar elementos a las casillas de los demás.

Mis compañeros del noticiero del canal 9 me decían que podía ser peligroso, que estaba loca de ir sola, y alguno me ha acompañado, como Luis Grimaldi.

Allí vi otra vez como el espíritu de una persona no puede ser aplastado por circunstancias adversas. En esa época pagaban por el reciclado de las latas de aluminio de las gaseosas. Había una pareja gay que recorría durante horas las calles porteñas, cargando enormes bolsas de plástico llenas de latitas aplastadas, que acumulaban en una especie de corral que habían construido en el “patio” de su casilla. Cuando la llenaban, de alguna forma (no recuerdo cómo) las llevaban a vender. Durante todo el día estaban ausentes de su “propiedad”, y si bien muchos otros se dedicaban a lo mismo, nadie les robaba sus latas. Había respeto y cuidado entre todos.

Una joven mamá tenía construida una improvisada muralla alrededor de su casilla. La vi entrar con un bebé en brazos. Era una chiquita, y su ropa estaba impecable. El siguiente fin de semana golpeé la lata/muralla para darle cosas de bebé que había llevado. Ella me contestó desde dentro sin abrir la puerta. No quería nada. Me dijo que no necesitaba nada. Nunca sabré si fue por miedo o por orgullo. O por otro motivo quizás. La admiré por su dignidad. Caminaban como un kilómetro, hasta llegar a la única canilla de Ciudad Universitaria que les proveía de agua para todas sus necesidades, y la tenían que cargar de vuelta. Cómo es que su bebé estaba impecable en esas condiciones nunca lo sabré.

Lo que dejo para el final es el caso de una familia. Eran del norte argentino, vivían allí hacía tiempo. Como diría el Negro Fontanarrosa, estaban mal pero acostumbrados.

Un hombre, su esposa y dos hijas. Una de unos 5 o 6 años y una bebé muy grandota. Debía pesar como 15 kilos y aún no caminaba. Seguramente ya tendría algún problema de salud. Su tamaño no era normal.

Esto es lo que me contaron. Una tarde la mujer enfermó. Con fiebre muy alta se desmayó. En ese momento el marido tenía una adulta de peso muerto, más un bebé de 15 kilos y una chiquita que no podía caminar si no era de la mano. Aquí es donde mi recuerdo me da taquicardia. En esas condiciones él tenía que decidir cómo llevar a su mujer a un hospital. ¿La cargaba a ella y dejaba a las chiquitas solas? Sin saber qué hacer, pidió ayuda pero nadie lo podía asistir. Así que comenzó a cargar a su mujer con mucho esfuerzo, como podía, la dejaba, desmayada, sobre la tierra/barro, y volvía por las chiquitas. Ya era de noche y estaban envueltos en la negra oscuridad de un sector sin alumbrado público. Nuevamente cargaba a su mujer por un tramo y regresaba por las menores. Y así hasta que llegó al asfalto, a la parada, al colectivo, al hospital. De alguna forma logró salvar a su familia. Para mi fue un milagro.

El gran premio que les tocó por semejante proeza fue que, al menos en ésa oportunidad, los cuatro siguieran vivos. No había medalla. Mientras su esposa estaba internada él no podía “salir a cirujear”, así que no ganaba ni para dar de comer a sus hijas. Y al final del trágico episodio, volvieron a su casilla sin luz, agua ni cloacas a seguir viviendo una vida miserable de privaciones. Igualmente se consideraban afortunados.

Los ayudé como pude pero obvia y lamentablemente no pude modificar sus vidas. Aunque ellos modificaron la mía. A veces cuando me parece “una tragedia” que me estoy quedando sin batería en el celular o alguna tontería similar de los “dramas” que vivimos quienes no estamos en ésas circunstancias, me acuerdo de esa familia, pienso en tantas otras con historias similares y doy gracias al universo por lo afortunada y privilegiada que soy.

Las fotos de archivo pertenecen a @pagina12 y @LaNacion respectivamente cuando los desalojaron

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/fue-desalojada-una-villa-gay-detras-de-la-ciudad-universitaria-nid100160

 

 

Argentina Está Enferma

Dicen que el primer paso para superar una adicción es admitirla. Y para superar una enfermedad, aceptar que se la tiene y combatirla.

Creo que la sociedad argentina está enferma.

Enfermó hace décadas con el advenimiento de un líder mesiánico como Perón, quien hizo creer -a parte de la población-, que se podía mamar de la teta del estado sin consecuencias y sin fin.

Esa madre lactante no vive de otra cosa que de “quienes trabajan y pagan impuestos”.

Después vino el resto de los vivísimos criollos, que creyeron entender la fórmula Peronista: “mantener en la ignorancia al pueblo para manejarlo y explotarlo, mientras cree que está siendo beneficiado”. Usaron y siguen usando esa receta que tanta riqueza les ha dado. No hablamos de riqueza espiritual, por supuesto.

Han vaciado las arcas de la nación argentina una y otra vez, sin ponerse colorados.

En las últimas décadas, la diferencia entre quienes trabajan y sostienen al estado y quienes viven de él, se ha ampliado a niveles insostenibles.

Quienes se acostumbraron a que no hay que trabajar para vivir, se niegan a cambiar. Llevan varias generaciones así. Además tienen adherido al ADN la victimización aunque sean ellos quienes, recibiendo oportunidades de progreso verdadero, no las aceptan.

Con el agravante de la mafiosa actuación de los mal llamados gremialistas, quienes sistemáticamente se han enriquecido a costa de sus representados, y no han mejorado en casi nada la situación de los trabajadores.

Si Argentina no admite que está enferma, que tiene una sociedad adicta y una enfermedad que curar, estará destinada a la desintegración total. Se que suena muy negativo, pero no es así.

Si te dan un diagnóstico de “cáncer no terminal”,¿cuál sería tu plan de acción? ¿Escribes un testamento y te tiras de un puente? ¿O buscas las mejores posibilidades de curarte?

Por favor argentino, tal cual harías con un diagnóstico de una enfermedad grave: pensá en tus hijos, tus nietos, tu familia y lucha por encontrar una cura. Vale la pena.

Lana Montalban

 

 

Letter to Donald

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Donald,
For weeks now I have been thinking about writing you a letter to give you a piece of advice. You may wonder who am I to give you advice, taking into consideration that you seem not to take advice from almost anybody? The answer is: nobody. I’m nobody.
But I, and millions like myself, are looking at what is happening just a few days before you move into the White House and we are very worried. Honestly Donald.
I think I know you enough to know what you like. You like to be admired, loved, and applauded by millions; you love to have huge ratings in real life, to become the president with the highest approval rating in history. Doesn’t that sound great?
You are probably too busy watching TV or tweeting or cancelling a visit to the African American History Museum on MLK day to read my letter, but I decided to give it a try anyway.
After you successfully ran your “fact free campaign” you are now stuck with a job that is going to suck the blood right out of your veins. Let’s face it: you are completely unprepared for it and even though you may publicly say that you are the best at everything you do, I believe that down deep inside, maybe just before you fall asleep, together with many millions in the whole world, you ask yourself- what did I get myself into?
But let’s go back to the main reason for my letter, the advice.
Since you’re already the president assuming power with the lowest approval rating in recorded history, things can only be improved, right?
Let’s say that you really (no, really, I mean it) decide to do things that could make millions of people happy. Not only your fan base, but make everybody happy.
Let’s say that you don’t let your friends repeal the Obama care program but try and fix the problems it has. Let’s imagine that 100 million more people get covered because of your decision. Yes, imagine the ratings you could get!!! Forget about the 3 million popular vote difference. Forget about Hillary! (I mean that) 100 million people will do anything for you!

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Now imagine that children who want to become doctors or nuclear engineers are able to go to college because it is affordable or even free. See my point? Millions of college educated millennial, who hate you now, will wear T-shirts saying things like “I Love Trump” or “I owe Trump Bigly”.
You get the idea, right? Let’s say you honor the international climate agreements, that you treat other countries with respect, that you stop special interests from poisoning our food and water supply, that you bet on renewable energy resources and more. What would that mean? That the whole world will fall in love with you! And even if that means that you will do everything differently than what you promised during the presidential campaign it would not matter, because you’re doing that anyway.
Knowing that you have bragged about not being a reader, I have extremely low expectations about you reading this letter, but I thought I had to try.
Ah! And one more thing: try to understand Dr. Samuel Johnson’s phrase:
“Tis better to remain silent and be thought a fool, than open one’s mouth and remove all doubt”.

Sincerely,
Lana
Journalist. Thinker. Reader. Vegetarian. Mother. Worried citizen.

El Luto y La Risa

img_1829 Para mi era muy curioso ver a mis abuelos discutir. En casa, jamás presencié algo así de mis padres.
Mi abuelo paterno, nacido en 1889, era un gaucho ruso que viajó en la última diligencia de correo de La Pampa, vio la piedra movediza de Tandil antes de que se cayera en 1911 y tantas historias más que nunca volveré a escuchar…ni a recordar…
Se casó con mi abuela Sofía cuando ella, una delicada flor que estudiaba violín y varios idiomas, tenia nada más que 15 años. Tuvieron 3 hijos y una hija.
Mi papá, Adelino, era el mayor.
León era una roca, un hombre rudo y fuerte y le gustaba comer la comida a una temperatura que quemaría a un samurái. Mi abuela literalmente sacaba la olla con sopa de la hornalla en medio del hervor, así como estaba la llevaba a la mesa, con cucharón metálico le servía a mi abuelo quien sin esperar a nadie la probaba y comentaba: “está fría”. Ahí empezaba la discusión. Si creen que exagero para obtener un resultado más dramático o cómico, les aseguro que no. La que sabía de fechas y datos era mi mamá Rosita. Con su fallecimiento he perdido el Archivo General de la Nación, así que no sé cuántos años estuvieron casados pero cuando Sofía murió de enfisema pulmonar (sin haber fumado jamás) León declaró que “no volvería a sonreír”. Que no tenía más motivo para hacerlo. La “roca” decidió entonces que se dejaría morir (¿de amor?) y como era un hombre tan fuerte tardó unos años pero lo logró. Igual llegó a cumplir 93. Reitero que sin Rosita puedo equivocarme en todos los datos pero recuerdo que a los 91 todavía iba a trabajar en autobús (se negaba a la oferta familiar de un chofer) al negocio de mi padre y uno de mis tíos, donde como cajero descubrió que un empleado estaba robando dinero. Tenia todas sus facultades mentales intactas.
¿A que viene toda ésta historia? A que desde que falleció mi mamá, hace apenas 15 días, me he reído varias veces…pero cada vez que lo hago siento como un dolor en la boca del estómago. Y pienso en ella. Pienso en su última hora de vida y en sus últimos minutos. Veo una y otra vez su cara de preocupación con los ojos abiertos de par en par antes que la operaran para ver si se podía hacer algo por salvarla. No estoy segura que estuviese al tanto de sus circunstancias. No sabía si me escuchaba. Parecía estar “ida”. Pero ahora estoy convencida de que sí escuchaba y entendía si no todo, casi todo. Pienso una y otra vez en cómo desperdicié esa oportunidad de decirle tantas cosas.
Y cuando salió de la operación, ya con sus ojos cerrados que nunca volvería a abrir, le hablé y le dije tantas veces que la amaba, que la extrañaría y también le pedí perdón por muchas cosas, hasta que entró una enfermera que no tenía nada que hacer allí y me dijo: “lo último que se va es la audición. Ella te escucha”. A partir de ese momento volví a repetirle una y otra vez cuánto la amaba y le pregunté si escuchaba. Casi imperceptiblemente movió la cabeza de arriba hacia abajo en señal afirmativa. Por suerte Santi había llegado y fue testigo. No me lo estaba imaginando. Seguí hablándole hasta cuando unos minutos después dejó su cuerpo, y lo hice por varias horas más, mientras lloraba desconsoladamente, la abrazaba y besaba sin parar.
Nunca sabré qué quiso decirme cuando aún tenía los ojos abiertos. Quizás que no quería morirse. Quizás que no le importaba morir porque volvería a estar con su amado esposo, sus dos hijas fallecidas, sus seres queridos muertos antes que ella. Quizás quería decirme que no me preocupara por ella, que estaba en paz. Quizás que lamentaba no poder cumplir con la promesa que nos hizo a Nicole y a mi que viviría hasta los 100. Nunca sabré la respuesta.
Lo que sí sé es que por ahora, aun el cómico más espectacular del mundo no me sacará una carcajada.

Foto: es la escultura que hizo de mi papá, a pedido mio. Se rompió en mil pedazos cuando la horneaba, algo que nunca le habia pasado.Quizás mi padre se negaba a ser inmortalizado…

La Muerte Por Exceso

13062180_10206258711851421_6267136887267423481_nSi la autopsia de hoy efectivamente confirma que Prince Rogers Nelson, conocido solo por su primer nombre, murió por un exceso de drogas, o por una mezcla de ellas sean ilegales o médicamente recetadas, estamos nuevamente frente a la incomprensible dicotomía de ver como una persona que es talentosa, que sueña con ser rica y famosa, alcanza su meta…solo para que ésta misma termine destruyéndolo mucho antes de lo debido.

Este pequeño hombre de estatura diminuta y gigantesca personalidad y genio, pasó a pertenecer a un exclusivo club cuyos miembros seguramente “darían todo lo que tenían” por no ser socios de semejante institución: “el club de los talentos que murieron demasiado temprano”.

Algunos ejemplos.

James Dean murió en un accidente de auto por manejar a exceso de velocidad. No era un auto cualquiera, era un Porsche 550 de edición limitada. Muy similar a Paul Walker.

Kurt Cobain amaba a su mujer Courtney Love tanto como a la tentadora heroína que terminó con su vida.

Janis Joplin, Elvis Presley, Amy Winehouse, Jimmi Hendrix, Whitney Houston, Cory Monteith, Sid Vicious y Jim Morrison, nos dejaron demasiado temprano también por drogas.

Heath Ledger y Michael Jackson se excedieron con las medicinas recetadas para dormir. Recetadas por médicos que estaban más preocupados por sus ganancias que por la salud de sus pacientes.

La lista, lamentablemente, es mucho más larga.

La vida puede ser maravillosa si solo sabemos apreciar los pequeños detalles y somos agradecidos con lo que tenemos.

Hay que pensar si el precio de algunos sueños desmedidos, no serán los finales trágicos e inesperados.

El Gobierno Es Como Una Madre

2183247h765Con ese acido y negro sentido del humor que me caracteriza, alguna vez le dije a mi hija: “quiero que sepas que te amo tanto, que nada de lo que hagas, aún si te convirtieras en una asesina serial, me haría amarte menos”. Por suerte, ella no sólo sobrevivió a ésta madre y hasta heredó un poco del humor, sino que salió una chica diez y no una delincuente.

Ese sentimiento, me llevó a comprender cómo madres de verdaderos criminales los defendían y los amaban más allá de sus horrendas opciones y circunstancias.

De alguna forma, los últimos años de la política en Argentina, han transmitido una especie de sensación de pertenencia familiar, donde la presidenta de todos los argentinos, fue percibida por muchos de ellos como una madre o como una hija. Este paternalismo mediante el cual la administración nacional, también llamada gobierno, se encargaba de todo, y los niños buenos se callaban mientras los mayores hablaban, pedían permiso para levantarse de la mesa y se iban a dormir con los dientes cepillados a la hora que les correspondía, dejó sus huellas psicológicas.

Esta especie de “síndrome de Estocolmo” es lo único que me permite -intentar al menos- comprender cómo es posible que después de ver la evidencia más gráfica posible en forma de documentos, filmaciones y testimonios, muchos siguen defendiendo ciegamente a los acusados. Y hasta amenazando al poder institucional y democrático en el caso de que “Mamá Cristina” sea llamada por la justicia.

Que después que varios jueces de la nación confesaran públicamente haber estado amenazados y tener miedo por sus familias, después que una diputada dijo “ahora que Báez está preso, me animo a decir que mi familia y yo estábamos amenazados y en peligro”, después que un fiscal de la nación fue impunemente asesinado, que la estructura del país se cae a pedazos, que las arcas fueron dejadas vacías, que la educación bajó a niveles inaceptables, que los jubilados han sido burlados después de una vida de trabajo, mientras condenados por delitos cobran más que ellos y una lista interminable de atropellos comprobables…hay millones (¿seguirán siendo millones?) que se niegan a despegarse del discurso manipulador, populista y mentiroso de los gobiernos de los Kirchner e intentan contraatacar con el tema #PanamaPapers de Macri. No solo no hay ilegalidad con el tema de las empresas en paraísos fiscales, sino que tampoco hay comparación. Como dijo Joaquín Morales Solá, “El acorralado kirchnerismo está, a su vez, interesado en propagar lo mismo, en crear la certeza colectiva de que, en todo caso, Macri es tan corrupto como el matrimonio Kirchner”.

Tengo que confesar que cuando Néstor Kirchner dijo que los 700 millones de su provincia habían sido depositados en Suiza para salvaguardarlos, caí en la trampa de creerle. Por admisión de la propia ex presidente, se sabe que esos fondos “se esfumaron”. Y ya no eran 700 sino mas de 1100 millones. Dinero del pueblo. Esfumado.

Hoy, no estoy segura de nada. Ni siquiera de que la ex presidenta sea realmente abogada, ni del motivo de la muerte de Néstor, ni de nada de nada.

De lo que sí estoy segura es de esto: el pueblo argentino quiere, necesita y merece condenas a los corruptos, devolución de fondos mal habidos y un nuevo comienzo donde sea posible soñar con un futuro mejor para sus hijos.

Mi Visión Sobre El Terrorismo

http://https://youtu.be/IBMqFvVKpnA

FrankensTrump: Los Responsables De Su Creación

nbc-fires-donald-trump-after-he-calls-mexicans-rapists-and-drug-runnersPor años me preguntaba como era posible que los norteamericanos más pobres, menos educados y menos privilegiados pudieran votar por los millonarios republicanos, pudieran creerles sus cuentos de que bajar los impuestos a los billonarios beneficiaría a los trabajadores, que eliminar las ayudas sociales sería una solución a sus necesidades, que aumentar los precios y reducir las prestaciones medicas los curaría de sus dolencias. Me costaba muchísimo entenderlo. Ahora se les acabó el cuento que el prócer Reagan inventó para las masas. Ahora llegó un “mesías” que también miente, que inventa cualquier cosa, que habla con un lenguaje que no puede estar más alejado de la forma de hablar de políticos de carrera, que usa groserías, insultos, epítetos racistas, denigra a mujeres y discapacitados por igual y que le importa un bledo lo que nadie diga de él. Ese empresario pintado de naranja, ha logrado lo que nadie logró antes: desenmascarar las mentiras del “establishment”, el cual ha multiplicado sus fortunas como consecuencia de sus dichos y acciones, mientras que la calidad de vida del resto de la población ha disminuido. El famoso “sueño americano” es puro cuento, a menos que tu papi te haga un “pequeño préstamo” de un millón de dólares.

La gente está enojada y con razón. Han escuchado la verdad, el emperador está desnudo. Es hora que los republicanos y demócratas que tan cómodos han estado en las últimas décadas, empiecen a pensar en un “plan B”. El pueblo no los banca más. Prefieren a este monstruo que dice cualquier cosa, que cambia de ideas como de ropa interior (siempre que sea de su conveniencia personal), y que de convertirse en el líder de Estados Unidos, con su inhabilidad para la diplomacia y su profundo desconocimiento de todos los temas que no sean auto-promoción, logrará entrar en una tercera guerra mundial en menos de lo que canta un gallo. Aún así, lo siguen porque es diferente al resto de los políticos.

En este proceso electoral, es muy probable que el partido Republicano como tal se desintegre. La retórica utilizada por sus líderes desde antes aún que Obama fuese elegido como el primer presidente de origen africano, fue clara: “haga lo que haga Obama, sea o no bueno para el país, nosotros estaremos en contra”, tiene como consecuencia un rebrote de racismo no visto desde hace décadas. El congreso y senado -integrado en su mayoría por la oposición-, ha hecho y sigue haciendo lo imposible para poner palos en la rueda de la administración de Obama.

Sin ir más lejos, Mitch McConnell, el líder de la mayoría republicana en el congreso, cuando el cuerpo sin vida de Antonin Scalia, miembro de la corte suprema de justicia, aún estaba tibio, declaró sin ponerse colorado, que “no escucharían argumentos de ningún candidato para reemplazar al muerto que sugiera el presidente”, lo cual es ir en contra de la constitución. Que se cuiden estos señores, porque el país en el cual han vivido tan cómodos por tanto tiempo, con lobistas que les han llenado los bolsillos, con vidas absolutamente privilegiadas, está cambiando. Sino, miren quien lidera las encuestas del partido de la derecha.

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Las fuerzas políticas harán lo posible para desplazar al egocéntrico empresario. Los ayuda mucho el hecho que en EEUU no hay voto directo. Aquí, en realidad, el pueblo no elije al presidente. El sistema electoral norteamericano es una completa arbitrariedad, diseñado por la elite de ambos partidos y que debe ser reformado de inmediato. Creo que ésta bizarra realidad asegurará un triunfo demócrata para la casa blanca, más allá de lo que digan los medios y las encuestas.

Y los medios, que tanto se han regodeado con altos ratings poniendo a este nefasto personaje al aire, deberán también hacerse responsables del monstruo que han creado.

Finalmente Frankenstrump volverá a lo suyo después de su derrota: inventará productos que venden, otros que no, hará acuerdos en los cuales le pagarán por usar su nombre en edificios y casinos, y creará algún que otro programa de TV dónde, contento, mostrará lo peor del ser humano, algo para lo cual él no tiene que hacer ningún esfuerzo.