Un Consejo

Sé que muchas veces hablo sobre la muerte y si bien no quiero deprimir a nadie es un tema muy persistente en mis escritos, ya que es la única certeza que tenemos. Indefectiblemente nos vamos a morir. ¿Qué otra cosa nos hace sentir tan seguros como es eso? ¿Me ganaré el Pulitzer? ¿Sere abuela algún día? ¿Me contagiaré el Covid-19? No es para deprimir a nadie, simplemente un tema más.

Los últimos años de la vida de mi madre vivíamos a pocas cuadras, después que ella se mudó de Argentina a Miami. Nos veíamos muy seguido y hablábamos como mínimo una vez por día. Generalmente muchísimas más. No era una cocinera gourmet pero algunos de sus platos me encantaban y hoy por supuesto los extraño muchísimo. ¿Porqué viviendo tan cerca no puedo volver a hacer “mis platos favoritos” que cocinaba mi viejita? Por la simple razón que ella cocinaba “a ojo” y cuando te daba la receta te decía: agrega papas. A mi pregunta de si eran papas grandes o pequeñas, contestaba “depende qué quieras”. O si le inquiría: ¿y cuantas papas? Su respuesta podía ser: “depende”. ¿Cuanto tiempo hay que cocinarlo: “hasta que esté listo”.

¿Como sabes que esta listo? “Te das cuenta”.

¿Cuanta sal? ¿Cuanta pimienta?  “A gusto”.

Y así.

Incluso experimentamos con mi hija y cada una le pidió la receta de la misma comida. Ella a cada una de ambas nos dio algo completamente diferente. No por maldad. Sino porque improvisaba.
Créeme que el consejo que te estoy dando hoy es más importante de lo que puede parecer. Como nadie sabe cuando le tocará en suerte abandonar este plano, si hay algo que quieres que tus hijos o tu familia tengan de ti, comunícaselo.
Es fundamental dejar por escrito o enseñarle a alguien la receta favorita que siempre te piden o contarles donde están todas las cuentas y toda la plata, o donde escondiste las joyas -si es que todavía queda alguna- porque el día que te vayas, tu familia va a pasar la mitad del tiempo llorando tu ausencia y la otra mitad insultándote porque no saben dónde dejaste las llaves de la caja fuerte o como era la receta de tus maravillosos ravioles de ricotta y espinaca.
De nada.

Que te puede pasar si no limpias tus brochas

ESCRIBIRE PARA EL BLOGLas mujeres (y algunos hombres también) estamos rodeadas, o mejor dicho bombardeadas, de publicidades de productos cosméticos y de belleza.

Cada temporada nos cuentan las tendencias: los labios rojos, los ojos como si nos hubiésemos peleado con un boxeador, o el “look” natural y puro. Como sea, lo que nunca nos dicen, es que los elementos que usamos para embellecernos, acumulan gran cantidad de bacterias y pueden ser potencialmente peligrosos.

Cualquier brocha o pincel de maquillaje que utilizamos no sólo nos agrega bases, polvos y cremas, sino que también recoge células de piel muertas, grasa y hasta…puede absorber bacterias de materia fecal si es que –como es común- las guardamos en el baño.

¿Sabias que cuando vaciamos el inodoro, miles de imperceptibles gotitas de agua contaminadas –con-ya-sabes-que- pueden volar por el ambiente recayendo en cualquier superficie?

“Compartir nuestros útiles de maquillaje equivale a hacerlo con el cepillo de dientes” sostiene Agnieszka Pazdzior, directora de formación de Benefit en un artículo aparecido en El País de España.

Por eso hay dos recomendaciones básicas. Una es lavar muy seguido, como máximo cada dos semanas, nuestros elementos de maquillaje como pinceles, esponjas y demás.

Y la segunda y más importante aún, es no compartir ni tu maquillaje ni tus brochas con nadie.

Puede que esto no caiga simpático, pero es preferible educar sobre la razón, y no recibir de regalo una conjuntivitis infecciosa en los ojos, una condición en la piel difícil de curar o algo aún peor como herpes, que es muy contagioso y no tiene cura.