Somos Unos Privilegiados

En los años 90, existía en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires una “Villa Miseria” como se dió en llamar a asentamientos informales, justo detrás de la Ciudad Universitaria. Allí, escondida a plena vista, a pasos del aeropuerto metropolitano, elegantes restaurantes y lugares bailables donde se reunía (o nos reuníamos debería decir) las clases media alta y alta del país a tomar champán y bailar música importada (en esa época aún no se usaba la cumbia). Vivían en ella una enorme cantidad de personas que no contaban con sus necesidades básicas cubiertas. No había agua corriente, ni luz, ni cloacas, ni calles. Sólo barro y casillas construidas con lo que encontraban.

Esta villa tenía una característica diferente de tantas otras. La llamaban la “Villa Gay”, porque entre sus habitantes había un alto porcentaje de homosexuales, que entre otros casos eran expulsados del seno familiar, perseguidos por la policía o discriminados por su orientación sexual. No podían conseguir empleo y antes que bajo un puente, preferían vivir en ése lugar. Según crónicas de la época unas 300 personas vivían allí.

No tengo idea cómo llegué a ese lugar. Lo que sé es que una vez que lo descubrí no pude dejar de ir lo más seguido que mi apretada agenda laboral y de madre sola me permitían.

Tenía una camioneta que había importado con mi mudanza desde Nueva York (una Mitsubishi Montero para los tuercas) en la que cabían muchas cosas. Iba a Makro (el COSTCO local), compraba papel higiénico, jabón, champú, comida en latas, pañales, leche en polvo y otras cosas. Además molestaba a mis amigos y compañeros de trabajo muy seguido pidiendo que me donaran ropa usada, lo que le quedaba chico a sus hijos, lo que sea.

Los sábados en los que mi hija estaba con su papá, me acercaba a ésta población, que también contaba con muchas familias desplazadas. No había forma de entrar profundamente al asentamiento, y menos cargar las cosas, así que me aproximaba lo más posible y tocaba bocina hasta que la gente empezaba a venir hacia mi. Se llevaban algunas cosas. Nunca vi que alguien quisiera tomar más de lo debido. Al contrario, se ofrecían a cargar elementos a las casillas de los demás.

Mis compañeros del noticiero del canal 9 me decían que podía ser peligroso, que estaba loca de ir sola, y alguno me ha acompañado, como Luis Grimaldi.

Allí vi otra vez como el espíritu de una persona no puede ser aplastado por circunstancias adversas. En esa época pagaban por el reciclado de las latas de aluminio de las gaseosas. Había una pareja gay que recorría durante horas las calles porteñas, cargando enormes bolsas de plástico llenas de latitas aplastadas, que acumulaban en una especie de corral que habían construido en el “patio” de su casilla. Cuando la llenaban, de alguna forma (no recuerdo cómo) las llevaban a vender. Durante todo el día estaban ausentes de su “propiedad”, y si bien muchos otros se dedicaban a lo mismo, nadie les robaba sus latas. Había respeto y cuidado entre todos.

Una joven mamá tenía construida una improvisada muralla alrededor de su casilla. La vi entrar con un bebé en brazos. Era una chiquita, y su ropa estaba impecable. El siguiente fin de semana golpeé la lata/muralla para darle cosas de bebé que había llevado. Ella me contestó desde dentro sin abrir la puerta. No quería nada. Me dijo que no necesitaba nada. Nunca sabré si fue por miedo o por orgullo. O por otro motivo quizás. La admiré por su dignidad. Caminaban como un kilómetro, hasta llegar a la única canilla de Ciudad Universitaria que les proveía de agua para todas sus necesidades, y la tenían que cargar de vuelta. Cómo es que su bebé estaba impecable en esas condiciones nunca lo sabré.

Lo que dejo para el final es el caso de una familia. Eran del norte argentino, vivían allí hacía tiempo. Como diría el Negro Fontanarrosa, estaban mal pero acostumbrados.

Un hombre, su esposa y dos hijas. Una de unos 5 o 6 años y una bebé muy grandota. Debía pesar como 15 kilos y aún no caminaba. Seguramente ya tendría algún problema de salud. Su tamaño no era normal.

Esto es lo que me contaron. Una tarde la mujer enfermó. Con fiebre muy alta se desmayó. En ese momento el marido tenía una adulta de peso muerto, más un bebé de 15 kilos y una chiquita que no podía caminar si no era de la mano. Aquí es donde mi recuerdo me da taquicardia. En esas condiciones él tenía que decidir cómo llevar a su mujer a un hospital. ¿La cargaba a ella y dejaba a las chiquitas solas? Sin saber qué hacer, pidió ayuda pero nadie lo podía asistir. Así que comenzó a cargar a su mujer con mucho esfuerzo, como podía, la dejaba, desmayada, sobre la tierra/barro, y volvía por las chiquitas. Ya era de noche y estaban envueltos en la negra oscuridad de un sector sin alumbrado público. Nuevamente cargaba a su mujer por un tramo y regresaba por las menores. Y así hasta que llegó al asfalto, a la parada, al colectivo, al hospital. De alguna forma logró salvar a su familia. Para mi fue un milagro.

El gran premio que les tocó por semejante proeza fue que, al menos en ésa oportunidad, los cuatro siguieran vivos. No había medalla. Mientras su esposa estaba internada él no podía “salir a cirujear”, así que no ganaba ni para dar de comer a sus hijas. Y al final del trágico episodio, volvieron a su casilla sin luz, agua ni cloacas a seguir viviendo una vida miserable de privaciones. Igualmente se consideraban afortunados.

Los ayudé como pude pero obvia y lamentablemente no pude modificar sus vidas. Aunque ellos modificaron la mía. A veces cuando me parece “una tragedia” que me estoy quedando sin batería en el celular o alguna tontería similar de los “dramas” que vivimos quienes no estamos en ésas circunstancias, me acuerdo de esa familia, pienso en tantas otras con historias similares y doy gracias al universo por lo afortunada y privilegiada que soy.

Las fotos de archivo pertenecen a @pagina12 y @LaNacion respectivamente cuando los desalojaron

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/fue-desalojada-una-villa-gay-detras-de-la-ciudad-universitaria-nid100160

 

 

Alunizaje del 21 de Julio de 1969. ¿Fue Un Cuento Chino?

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Se cumplieron cincuenta años del alunizaje de dos astronautas norteamericanos,  Neil Armstrong and Buzz Aldrin mientras un tercero, Michael Collins orbitaba alrededor del satélite terrestre y se ocupaba de poner todo en marcha para que sus compañeros pudieran abandonar esa superficie inhóspita y regresar al Planeta Tierra.

Increíblemente existen aún muchas teorías conspirativas que niegan que ese hecho histórico sea cierto. Las razones son religiosas en algunos casos, en otros simple ignorancia y otras que ni vale la pena explorar.

Es cierto que los “yankees” tienen mucha imaginación. Después de todo crearon Hollywood, la meca del cine, imitada por tantos otros países.

¿Pero no es una locura pensar que más de cuatrocientos mil humanos de distintas nacionalidades, trabajaron en un proyecto secreto para engañar al resto del planeta con una historia apócrifa, y que cincuenta años después ninguno de ellos ha salido a decir la verdad, ni siquiera en su lecho de muerte? Sería demasiado. Al menos en mi opinión.

Les voy a contar algunas razones, aparte de ésa, por las cuales el alunizaje fue un hecho histórico y no un cuento chino.

En total, doce hombres han pisado la superficie lunar. Y si ven los intentos fracasados anteriores al exitoso, es francamente inimaginable que hayan encontrado hombres profesionales, preparados e inteligentes que hayan aceptado esas misiones que parecían estar mucho más cercanas al sacrificio humano que a una exitosa carrera como astronauta.

¿Porque puedo aseverar que no fue todo un fraude? Porque además de la consabida bandera, que plantaron en la superficie en forma de “L” invertida para que siempre este flameando (*), también dejaron otros objetos de manufactura humana allí.

No sólo equipo descartado que no podían volver a llevarse, sino aparatos que han sido usados desde entonces, como el espejo de aterrizaje de Apolo (el Lunar Laser Ranging en inglés). Este mide la distancia entre las superficies de la Tierra y la Luna utilizando rayos láser. Los láseres en los observatorios de la Tierra apuntan a los retro-reflectores colocados en la Luna durante el programa Apolo y las dos misiones Lunokhod.

Cuando cualquier observatorio de la tierra coloca sus poderosos telescopios en la dirección correcta, pueden ver este objeto hecho por el hombre. Es innegable que allí está y no hay otra forma que una visita personal humana para haberlos colocado allí.

Si ni los rusos, los chinos o los indios han salido a desmentir este hecho, podemos quedarnos tranquilos sabiendo que es cierto. Esos países nunca conspirarían para apoyar a sus rivales históricos.

El presidente John F. Kennedy fue quien le dijo a su gente “tenemos que ganarles a los rusos como sea. Tenemos que aterrizar en la luna antes que ellos”. Los rusos habrían salido a desmentirlo de inmediato si no fuese cierto. Se jugaban con ello la supremacía del planeta.

Otro hecho que no es tan conocido es qué pasó con los primeros tres astronautas, los del Apolo 11.

Neil Armstrong, el primer humano en pisar la luna, era Ingeniero aeronáutico, aviador naval, piloto de pruebas y profesor universitario.

Buzz Aldrin Ingeniero y piloto de combate.

Mientras que Michael Collins era piloto de pruebas y general mayor de las Reservas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos

Tanta preparación profesional no los alcanzó en absoluto para lo que les pasó a su regreso a tierra. Se convirtieron de inmediato (después del período de cuarentena) en celebridades a nivel planetario. Nadie había advertido que eso podría pasar. De hecho las apuestas apuntaban a que no regresarían con vida. Sin ir más lejos el presidente Richard Nixon tenía preparado un discurso de condolencia en el caso de que Armstrong y Aldrin quedaran aislados en la superficie de la Luna sin poder ser rescatados.

Esa fama involuntaria los afectó grandemente.

Aldrin dijo que no podía manejar su fama de estrella de cine y después de su regreso luchó contra la depresión y la adicción al alcohol. En la década de 1970, sufrió dos divorcios, perdió su fortuna y terminó trabajando en un concesionario de Cadillac en Beverly Hills. Finalmente se amigó hace pocos años con su estatus de celebridad y participó en shows como The Big Bang Theory y Dancing With the Stars. Hoy está muy presente en las noticias.

Armstrong por su parte sólo asistió a las celebraciones por el 30 aniversario presionado por NASA. Nunca le gustó su fama. Se retiró de la NASA un año después del Apolo 11 y se convirtió en profesor en la Universidad de Cincinnati. Su matrimonio se vino abajo después que se jubiló luego de la muerte de su hija, según su biógrafo. Ni siquiera le gustaba hablar de su paso por la NASA, e incluso se puso furioso cuando un peluquero guardó hebras de su cabello para venderlas por miles de dólares, según informó The Telegraph. Armstrong murió en 2012 a los 82 años.

Michael Collins, sin embargo, sobrevivió no sólo al Apolo 11, sino a la fama, ya que no fue tan conocido como sus dos compañeros. Su matrimonio se mantuvo intacto y trabajó en varios puestos de alto nivel. El realmente no llegó a tocar la luna, pero eso pareció no molestarle en absoluto según aseguró recientemente.

Los científicos creen que las seis banderas estadounidenses plantadas por los astronautas se han blanqueado tras más de 40 años de exposición a la radiación solar.Ellos afirman que cinco de las seis banderas estadounidenses aún están de pie y proyectando sombras en todos los sitios, excepto la del Apolo 11.(*)El astronauta Buzz Aldrin informó que la bandera fue derribada por el escape del motor de ascenso durante el despegue de Apolo hacia fuera de la atmósfera lunar.

Esta nota se la quiero dedicar a uno de los héroes de la exploración espacial, principalmente porque fue a una misión suicida en forma involuntaria.

La nave soviética Sputnik 2, llevaba en su interior a una perrita callejera recogida de las calles de Moscú. La llamaron Kudryavka pero como ladró, más tarde se hizo conocida como Laika, “ladrador” en ruso. Originalmente los rusos mintieron en los informes y dijeron que la perrita, lanzada en un viaje de ida sola en noviembre de 1957, murió sin dolor en órbita aproximadamente una semana después del despegue. Recién en 1993 el médico ruso y entrenador de perros espaciales Oleg Gazenko reveló que después de cinco a siete horas de vuelo, no se recibieron señales de vida de Laika. Para la cuarta órbita, era evidente que Laika había muerto por sobrecalentamiento y estrés. Los ruidos y las presiones del vuelo aterrorizaron a la pobre cachorra: el latido de su corazón se disparó para triplicar la frecuencia normal, y su ritmo de respiración se cuadruplicó. Lo saben porque la habían intervenido quirúrgicamente y le habían insertado medidores en su cuerpo. Llegó a la órbita con vida, rodeando la Tierra en unos 103 minutos. Desafortunadamente, la pérdida del escudo térmico hizo que la temperatura en la cápsula aumentara inesperadamente, afectando fatalmente a Laika. “La temperatura dentro de la nave espacial después de la cuarta órbita registró más de 90 grados centígrados. “Realmente no puede haber llegado más allá de una órbita o dos después de eso. Con su pasajera muerta a bordo, Sputnik 2 continuó en órbita durante cinco meses.El “ataúd” de Laika rodeó la Tierra 2.570 veces y se quemó en la atmósfera de la Tierra el 4 de abril de 1958.

Pero para no terminar en una nota triste, los dejo con un enlace que muestra en un video de 2002, como Buzz Aldrin, uno de los pioneros en pisar la luna y quien hoy tiene 89 años, es confrontado en la calle por un negador del alunizaje. El personaje le dice agresivamente que es un mentiroso y un fraude y lo conmina a “jurar sobre una biblia que todo había sido cierto”. Van y vienen, van y vienen, hasta que el ex astronauta, dá por terminada la discusión de una certera (y bien merecida) trompada. Tenía 72 años y no fue acusado porque la justicia consideró que fue en legítima defensa.

https://www.youtube.com/watch?v=d-FxgdQGLjw

Moon landing on July 21, 1969. Was it a Hoax?

It’s been fifty years since the landing on the moon of two American astronauts, Neil Armstrong and Buzz Aldrin. A third one, Michael Collins, orbited around the Earth’s satellite while making sure that everything was in place so that his teammates could leave that inhospitable surface and return to Planet Earth.

Incredibly, there are still many conspiracy theories that deny that this historical fact is true. The reasons are religious in some cases, in other cases simple ignorance, and yet in others it’s not worth exploring. It is true that the “gringos” have a lot of imagination. After all, they created Hollywood; the mecca of cinema, imitated by so many other countries.

But isn’t it crazy to think that more than four hundred thousand humans of different nationalities worked on a secret project to deceive the rest of the planet with an apocryphal story, and that fifty years later none of them has come out to tell the truth, not even in their deathbed? You must admit that it is “a little bit far fetched”. At least in my opinion.

I am going to tell you some reasons, apart from these, why the moon landing was an historical fact and not a hoax.

In total, twelve men have stepped on the lunar surface. And if you see the failed attempts before the successful one, it is frankly unimaginable that NASA found professional, well prepared and intelligent men who would have accepted those missions that seemed to be much closer to human sacrifice than to a successful career as an astronaut.

Why can I claim that it was not all a fraud? Because in addition to the familiar flag they planted on the surface in the form of an inverted “L” so that it is always waving, they also left other objects of human manufacture there. Not only discarded equipment that could not be taken back, but devices that have been used since then, such as the Lunar Laser Ranging. This measures the distance between the surfaces of the Earth and the Moon using laser beams. Lasers on Earth observatories point to the retro-reflectors placed on the Moon during the Apollo program and the two Lunokhod missions.

When any earth observatory places its powerful telescopes in the right direction, they can see this man-made object. It is undeniable that the objects are there and there is no other way than a human has placed them there. You can be sure that if neither the Russians, the Chinese or the Indians have come out to deny this fact, we can rest easy knowing that the moon landing is true. They would never conspire to support their historical rivals.

President John F. Kennedy was the one who told his people “we have to beat the Russians. We have to land on the moon before them.” The Russians would have come out to deny it immediately if it were not true. The supremacy of the planet was at stake.

Another not so well-known fact is what happened to the first two astronauts who stepped on the moon and their teammate.

Neil Armstrong, the first human to step on the moon was an aeronautical engineer, naval aviator, test pilot and university professor.

Buzz Aldrin was an Engineer and combat pilot. Michael Collins was a test pilot and senior general of the United States Air Force Reserves.

They had so much professional preparation, but nothing prepared them at all for what happened upon their return to Mother Earth.

After the required quarantine period, they became instant celebrities at a planetary level. No one had warned them that this could happen. In fact, the bets indicated that they would not return alive. Without going any further, President Richard Nixon had prepared a sympathy speech in the case that Armstrong and Aldrin were isolated on the surface of the Moon and unable to be rescued. That involuntary fame affected them greatly.

Aldrin said he could not handle his movie star fame and after his return he fought against depression and alcohol addiction. In the 1970s, he suffered two divorces, lost his fortune and ended up working at a Cadillac dealership in Beverly Hills. Finally, a few years ago he made friends with his celebrity status and participated in shows like The Big Bang Theory and Dancing With the Stars.

Armstrong, for his part, only attended the celebrations for the 30th anniversary at the insistence of NASA. He never liked his fame. He retired from NASA a year after Apollo 11 and became a professor at the University of Cincinnati. His marriage fell apart after he retired after the death of his daughter, according to his biographer. He didn’t even like to talk about his time at NASA, and he even got furious when a hairdresser saved strands of his hair to sell them for thousands of dollars, according to The Telegraph. Armstrong died in 2012 at age 82.

Michael Collins, however, survived not only Apollo 11, but fame as he was not as well-known as his two companions. His marriage remained intact and worked in several high-level positions. He didn’t really touch the moon, but that didn’t seem to bother him at all as he recently said.

Scientists believe that the six American flags planted by astronauts have bleached after more than 40 years of exposure to solar radiation. Using LROC images, scientists claim that five of the six American flags are still standing, except that of Apollo 11 Astronaut Buzz Aldrin reported that the flag was blown down by the escape engine’s blast during the takeoff of Apollo out of the lunar atmosphere.

I would like to dedicate this essay to one of the heroes of space exploration, mainly because she went on an involuntary suicide mission.

The Soviet ship Sputnik 2 carried inside a street dog collected from the streets of Moscow. They called her Kudryavka but as she barked, she later became known as Laika, “barker” in Russian.

The Russians originally lied in the reports and said that the animal, launched on a one-way trip in November 1957, died painlessly in orbit about a week after takeoff.

Only in 1993 the Russian doctor and space dog trainer Oleg Gazenko revealed that after five to seven hours of flight, no signs of life were received from Laika. By the fourth orbit, it was evident that Laika had died from overheating and stress. The sounds and pressures of the flight terrified the poor puppy: her heartbeat shot up to triple the normal frequency, and her breathing rate quadrupled. They know this because she had surgery and had all kinds of devices inserted in her body. She reached orbit alive, circling the Earth in about 103 minutes. Unfortunately, the loss of the heat shield caused the temperature in the capsule to rise unexpectedly, affecting Laika. “The temperature inside the spacecraft after the fourth orbit registered more than 90 degrees Celsius” It really can’t have reached beyond an orbit or two after that. With its dead passenger on board, Sputnik 2 continued in orbit for five months.

Laika’s “coffin” surrounded the Earth 2,570 times and burned in the Earth’s atmosphere on April 4, 1958.

Not to end on a sad note, I leave you with a link. It shows a 2002 video, as Buzz Aldrin one of the pioneers in stepping on the moon and who is now 89 years old, is confronted on the street by a denier of the moon landing. The aggressive man tells him that he is a liar and a fraud and urges him to “swear on a bible that everything had been true.”

The exchange lasts for a couple of minutes, until the former astronaut, ends the discussion with a precise (and well deserved) punch to the face. He was 72. He was not charged because it was considered legitimate self defense by the judge.

 

 

 



La Tragedia Argentina desde la Visión de un Economista Chileno

No lo escribí, pero estoy 100% de acuerdo. Lo publiqué hace varios años en Facebook. Tiene mucha actualidad.
por SEBASTIÁN EDWARDS

SANTIAGO DE CHILE (La Tercera). La tragedia Argentina siempre ha sido que el todo sea menos que la suma de las partes; que tanta gente civilizada sea gobernada por tanto político bárbaro. Si el nivel de hastío sigue subiendo, y el gobierno insiste en su populismo autoritario -ambas cosas muy probables-, es posible que las fuerzas de la civilización se unan y que ejerciendo sus derechos le pongan atajo a la barbarie.

La relación entre Chile y Argentina ha sido, siempre, complicada. Durante décadas los chilenos mirábamos a nuestros vecinos con una mezcla de admiración y envidia. Y no era tan sólo por la superioridad futbolística argentina. También tenía que ver con el desplante de los porteños, su arrogancia -verdadera o percibida-, sus artistas de calidad superior, sus carnes tan tiernas como sabrosas, esos chocolates suaves que se derretían en nuestras bocas, y la música maravillosa de Gardel, Soda Stereo, y Fito Páez.

Cuando yo era niño, viajar a la Argentina era todo un acontecimiento. Los afortunados se preparaban durante meses, y hacían listas de las cosas que comprarían, de los lugares a los que había que ir, y de las comidas que tenían que probar. Los más osados regresaban llenos de historias inverosímiles, las que casi siempre involucraban discotecas maravillosas -como el afamado Mau Mau-, o modelos espectaculares e inalcanzables. Pero eso no era todo: como ha dicho el novelista Mauricio Electorat, cuando llegaba el verano y las playas se llenaban de transandinos, muchos de nosotros temblábamos al pensar que “el argentino de rigor” podía robarnos a nuestras noviecitas.

En los últimos 15 a 20 años las cosas han cambiado profundamente. El complejo de inferioridad de antaño ha dado paso a una actitud de superioridad, y a un desdén que sin ser estridente, es palpable. Para la mayoría de los chilenos, Argentina ya no genera ni admiración ni envidia. Yo diría que el sentimiento mayoritario hacia la transandina república es de pena. Esa lástima o compasión que uno siente por los tíos viejos que alguna vez fueron exitosos y encantadores, pero que con el paso de los años se han transformado en seres roñosos y un poco patéticos.

Prácticamente todos los días del año la prensa chilena da cuenta de un nuevo ranking que demuestra que Chile está por encima de la Argentina. Titulares a ocho columnas informan que nuestro país es menos corrupto (Transparency International), tiene mejor educación básica (prueba PISA de la OECD), da más facilidad a los emprendedores (Doing Business del Banco Mundial), y cuenta con mejores universidades (Times de Londres).

Hoy en día, y con las importantes excepciones del fútbol y el cine, los chilenos miran a Argentina hacia abajo.

Una mirada histórica

En 1845 Domingo Faustino Sarmiento publicó su libro más importante: Civilización y Barbarie: Vida de Juan Facundo  Quiroga. A la  sazón, Sarmiento -quien llegaría a ser el séptimo presidente argentino- se encontraba exilado en nuestro país, donde fungía como profesor de la Universidad de Chile y director de la Escuela Normal.

En esta obra, Sarmiento argumenta que el gran dilema de la Argentina era decidir entre un futuro de civilización o uno de barbarie. La primera era asociada con la ciudad -especialmente con Buenos Aires-, la cultura occidental, y las ideas republicanas. La barbarie, en contraste, era la principal característica del interior del país, y estaba encapsulada en la forma de ser de los gauchos y los indios. Mientras los “civilizados” tendían a asociarse entre ellos y a convivir en forma pacífica, los “bárbaros” vivían aislados y rechazaban las agrupaciones civiles; eran huraños, violentos, y poco respetuosos de las leyes y de los demás. En términos modernos, lo que distinguía a la civilización de la barbarie era el acervo de capital social y el nivel de confianza interpersonal.

En un libro posterior -Viajes de 1849- Sarmiento profundizó estas ideas, y postuló que el sistema político y social de los Estados Unidos era la mayor expresión de lo civilizado. Al igual que a Alexis de Tocqueville -el autor de Democracia en América-, lo que más impresionó a Sarmiento sobre los EEUU fue el que las distintas comunidades se gobernaran en forma independiente, descentralizada y democrática, y que en ellas hubiera múltiples asociaciones ciudadanas que creaban un sentido de responsabilidad, propósito, y futuro. Y, claro, también le impresionó que todo eso llevara a la prosperidad y al progreso.

Más de 150 años después de la publicación de Facundo el dilema entre civilización y barbarie sigue carcomiendo a la Argentina. Ahora no es, como lo percibía Sarmiento, un conflicto entre la culta población urbana y los toscos del campo. Ahora el conflicto es entre una clase política mediocre y rapaz, y el ciudadano medio que aspira a vivir en un país ordenado y predecible, donde pueda desplegar sus talentos, dar rienda suelta a su creatividad, y criar a su familia en un ambiente de mínima seguridad.

Un equilibrio inestable

Hace unos días le escribí a un amigo argentino que vive en Europa, y le hablé de la vigencia del dilema de Sarmiento. Me contestó de inmediato, diciéndome que temía que la barbarie llevaba todas las de ganar. Luego parafraseó a Porfirio Díaz y dijo, “Pobre Argentina, tan lejos de Dios, y tan cerca del Diablo”. Yo no supe a quién se refería con eso de Satanás, pero por prudencia decidí no preguntarle.

Pero la verdad es que yo no estoy tan seguro de que la barbarie lleve ventaja. Más bien me parece que hay un empate; una suerte de equilibrio frágil que podría resolverse en una dirección u otra.

Es verdad que la situación política es caótica y que el autoritarismo del gobierno de Doña Cristina Fernández es aterrador. También es cierto que los gobiernos K han seguido una política económica desastrosa, y que el país camina hacia adelante sólo gracias a los altísimos precios de los commodities. Argentina es el único país de la región donde hay mercado negro para el dólar, donde se falsean las estadísticas, y donde se usa un sistema burdo de prohibiciones mañosas para controlar las importaciones.

La barbarie también se presenta en la inseguridad y la violencia. La vida es completamente impredecible. Nadie sabe si los vuelos van a salir el día presupuestado, o si habrá cortes de ruta, o si los sueldos y aguinaldos serán pagados en el momento convenido, o si volverán a aparecer las monedas regionales -en la provincia de Buenos Aires ya se habla del regreso de los tristemente célebres Patacones.

No hay respeto por la legalidad, el estado de derecho es ignorado, y los derechos de propiedad son violados en forma repetida. Peor aún, la clase política está convencida de que existe una conspiración cósmica en contra de la Argentina.

Este auge de la barbarie política se explica, en parte, por el calendario electoral. De acuerdo con la legislación actual, ninguno de los tres políticos más importantes del país -la Presidenta Fernández, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y Mauricio Macri, el jefe del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- pueden reelegirse. Vale decir que para seguir en política y teniendo poder tienen que buscar otro puesto o tienen que cambiar las reglas para lograr la reelección. Este es un panorama que, por definición, crea una enorme inestabilidad.

Entre tanta barbarie brilla la civilización.

Todo lo anterior es cierto. Pero también es verdad que detrás de esa barbarie política hay una nación de seres extraordinariamente civilizados, cultos, amables, creativos, llenos de bondad y sentido del humor.

En una visita reciente a Buenos Aires volví a maravillarme por la calidez de la gente. Me perdí durante horas en librerías atiborradas de compradores y repletas de novedades que uno ni sueña con encontrar en Chile. Comí en restaurantes de calidad, con un nivel de servicio extraordinario. Me alojé en dos hoteles que están, sin duda, entre de los cinco mejores del continente. El profesionalismo de los que ahí trabajan contrasta con la improvisación chilena en todo lo que tenga que ver con turismo y la industria de la hospitalidad.

En tan sólo dos días vi tres exposiciones maravillosas. La que más me impresionó fue una, en el Museo de Bellas Artes, sobre arte cinético argentino de los años 1960. En una muestra muy bien curada y pulcramente presentada, pude volver a constatar la originalidad de Julio Le Parc y la delicadeza de la obra de Eduardo Mac Entyre.

Pero lo que más me impresionó fue el nivel de hastío de la gente con los políticos. Taxistas, dependientes de tiendas, mozos de restaurantes -los más cultos del planeta, sin lugar a dudas-, estudiantes, y pensionados coincidieron en decir que estaban hartos con la corrupción, el desorden, y el abuso. Lo escuché en distintos barrios, y de muchísimas personas que se autodefinían como progresistas e, incluso, como  peronistas. Cada vez más gente reconoce que el modelo K está agotado. Algo, dicen, tiene que pasar.

La tragedia Argentina siempre ha sido que el todo sea menos que la suma de las partes; que tanta gente civilizada sea gobernada por tanto político bárbaro. Si el nivel de hastío sigue subiendo, y el gobierno insiste en su populismo autoritario -ambas cosas muy probables-, es posible que las fuerzas de la civilización se unan y que ejerciendo sus derechos le pongan atajo a la barbarie.

https://es.wikipedia.org/wiki/Sebasti%C3%A1n_Edwards_Figueroa

Mi Experiencia Con El Apartheid

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A punto de cumplir 19 años, llegué a Londres de mochilera, aunque en barco. Un amigo que conocí viajando en los meses anteriores me ayudó a encontrar un lugar donde vivir. El compartía un “flat” como le dicen allá a los departamentos, con una pareja irlandesa y había un tercer dormitorio que se convertiría en mi casa londinense por 3 meses. Los cuatro compartíamos cocina, comedor y baño, el cual, les extrañará igual que a mí, no tenía ducha, sólo bañera. Mi primer gasto fue comprar una manguera de goma con ducha en la punta, que inserté rápidamente en la canilla de la bañera que me rehusaba a utilizar. Como detalle al margen, mi amigo y compañero de casa, no se bañó (ni con ducha ni con baño de inmersión) en lo que duró mi estadía. Su habitación olía como un refugio de animales salvajes.

No tenía reservas y necesitaba conseguir un trabajo urgente. No recuerdo como encontré uno como mucama en un hotel de segunda categoría. Allí los empleados (ninguno era británico, y nadie tenía permiso de trabajo) veníamos de todas partes del mundo. Había una española que fue a aprender inglés, gente de Bolivia y otros lugares que no recuerdo. Lo que nunca olvidaré fue una experiencia muy desagradable.

Era la época del apartheid en Sudáfrica. Un grupo de jugadores de cricket de ésa nacionalidad se estaba quedando en el hotel. Todos blancos. A mí me tocaba limpiar la habitación de uno de ellos. Se notaba claramente que estaban acostumbrados a tratar a “cierta gente” como ciudadanos de segunda clase, sin consideración alguna. Era una tarea muy desagradable. Más allá de tener que ocuparse de la suciedad ajena, el joven, quien me llevaría unos 5 años, dejaba su ropa sucia y maloliente tirada por todo el piso de la habitación. No nos daban guantes descartables. Yo la pateaba toda junta hacia un rincón y la levantaba usando una toalla limpia para dejarla sobre una silla. Limpiaba el cuarto y me iba. Solo lo vi brevemente una vez. Ni me saludó. Lo peor le tocó a la chica española. Una jovencita fina y educada. La encontré llorando en el corredor y le pregunté que le pasaba. El huésped de ella, cuando estaba por retirarse del hotel, le dijo “puedes quedarte con el jabón que usé”. Una innecesaria humillación extra a quien no podía defenderse. Le contesté con una frase que desde entonces he utilizado muchas veces para describir a personas malas o deshonestas: “lo peor que le puede pasar a él es que tiene que convivir consigo mismo las 24 horas del día. Ese es su castigo”.

No puedo ni imaginar lo que habían vivido los sudafricanos negros durante ese periodo nefasto.

My Experience With Apartheid

About to turn 19, I came to London as a backpacker, although by ferry. A friend I met traveling in the previous months helped me find a place to live. He shared a “flat”, as they call apartments there, with an Irish couple and there was a third bedroom that would become my London home for 3 months. The four of us shared a kitchen, a dining room and a bathroom, which shockingly did not have a shower, only a bathtub. My first expense was buying a rubber hose with a shower on the tip, which I quickly inserted into the tub spigot for I refused to use it otherwise. As a side note, my friend and housemate did not bathe (or shower or dip bath) during my stay. His room smelled like a shelter for wild animals. I had no savings and needed to get a job as soon as possible. I do not remember how I found one as a maid in a second-class hotel. There the employees (none were British, and no one had a work permit) came from all over the world. There was a Spaniard who went to learn English, people from Bolivia and other places that I do not remember. What I will never forget was a very unpleasant experience.

It was the apartheid era in South Africa. A group of cricket players of that nationality were staying at the hotel. All white. I had to clean the room of one of them. It was clear that they were accustomed to treating “certain people” as second-class citizens, without any consideration. It was a very unpleasant task. Beyond having to deal with other people’s dirt, the young man, who was about 5 years my senior, left his dirty and smelly clothes lying all over the floor of the room. They did not give us disposable gloves. I kicked them all the way to a corner and lifted them up using a clean towel to put them on a chair. I cleaned the room and left. I only saw the guest briefly once. He didn’t even say hello. The Spanish girl got the worst of it. She was a fine and educated girl. I found her crying in the corridor and I asked her what was wrong. As her guest was about to leave the hotel, said to her “you can keep the soap that I used.” An unnecessary extra humiliation to someone who could not defend herself. I replied with a phrase that I have used many times since to describe bad or dishonest people: “the worst thing that can happen to him is that he has to live with himself 24 hours a day. That is his punishment. ” I can’t even imagine what the black South Africans had to experience during that nefarious period.

 

Porqué Terminé Trabajando en la TV

Tenía dulces 16 años. Mi hermano 18. Estábamos en el comedor diario de nuestra casa familiar de Adrogué. Era una tardecita de invierno, la estufa y el televisor encendidos.

Mi hermano y yo comíamos apaciblemente barquillos, cuidadosamente untados con dulce de leche.

Mi padre Adelino, era hombre de pocas palabras. Al menos con sus hijos.

Entró al comedor y nos preguntó si habíamos hecho la tarea. Ambos contestamos (o seguramente mascuyamos) algo similar a “ya la haremos”.

Un rato después, regresó y repitió la escena anterior. Esta vez le dijimos algo como “en seguida”. O algo así.

Cabe aclarar que la TV de entonces no era una pantalla plana inteligente con control remoto, sino una caja gigantesca de madera que en su interior contenía una pantalla. Contábamos con la enorme cantidad de 3 o 5 canales que había que cambiar levantándose y dando vuelta la perilla en el mismo aparato. La misma hacía un ruidoso “clank, clank” con cada movimiento. Era enorme y pesada.

La tercera vez que mi viejo entró, no dijo nada. Apagó la tele, desenchufó la misma, la levantó cual Sansón, se la llevó a su auto…y nunca más la vimos.

Como a los 18 me fui de viaje, no volví hasta los 20 y recién a los 22 me pude comprar mi propia TV (*) fueron 6 años de no ver tele en Argentina. Puedo asegurar que en muchas conversaciones de esos años, me sentí más desorientada que piojo en peluca(1). Miles de referencias, conversaciones, frases y temas tienen que ver con lo que la gente ve en la “caja boba”. Para mi era como si hablaran en otro idioma.

Debo decir que muchos años después, cuando mi padre estaba transitando el final de su vida, ya postrado, tuvimos una charla sobre ese episodio. Entre risas, le dije que era culpa de ese momento y suya, que al final, su esfuerzo de mantenerme alejada de la tele hizo que terminara trabajando en la televisión. Parece que todo fue una cuestión de rebeldía.

 

 

(*) Un aparato de segunda mano cuya pantalla deformaba la imagen y hacía que todos sus personajes salieran más altos y delgados que lo que eran. Me encantaba el teniente de la serie “Combate” hasta que lo vi en una televisión normal, y me pareció regordete.

(1) Esta frase la inventé alrededor de la misma época de ésta anécdota y la vengo repitiendo desde entonces, usándola en lugar del consabido “más desorientado que turco en la neblina”. Después de tantas décadas, al fin la he escuchado por otro lado, así que aparentemente se popularizó.

 

La Vida Te Da Sorpresas, Sorpresas Te Da La Vida

Cuando tenía 20 años buscaba trabajo en Buenos Aires a través de una agencia de empleos/head hunters o como las llamen ahora. Mi currículo era modesto: secundaria, inglés, un par de años recorriendo el mundo como una aventurera y paremos ahí.

Me enviaron a una entrevista en unas oficinas en las cinco esquinas de Recoleta sin decirme qué era.

No tenía cartel afuera ni existía Google, así que sin saberlo fui a una de las agencias de publicidad más grandes del momento. Era Ratto (https://es.wikipedia.org/wiki/David_Ratto )

Necesitaban recepcionista. Me atendió alguien de apellido Petinatti si no me traiciona mi memoria.

Me pidió que nombrara agencias de publicidad. Creo que mencioné una sola.

Entre las preguntas que me hizo, recuerdo ésta: “decime una publicidad que hayas visto”. Me dió vergüenza confesar que desde que tenía 16 años cuando mi papá regaló nuestra TV (esa es otra historia) no veía tele. Sin embargo recordé una que había visto en la casa de alguien. Era de una maquinita de afeitar. Me preguntó porqué la recordaba y contesté que por dos cosas. Primero porque el actor estaba en una silla giratoria dando la espalda a cámara. Se da vuelta y pregunta mirando al televidente: ¿con qué maquinita me afeité? Después de una breve pausa contesta “no, es con…tal producto”. Aclaré que me llamó la atención que el personaje “leyera mi mente” ya que pensé en Gillette y me dijera “no” mencionando que era la competencia. Lo segundo que me llamó la atención, fue que el actor fuese rubio. Le expliqué que me parecía una mala elección ya es mucho más fácil mostrar un hombre bien afeitado rubio, que un moreno bien peludo.

El señor miró a esta veinteañera con los ojos entrecerrados con cara de sospecha por unos momentos, y dió por terminada nuestra entrevista.

La agencia que me envió me contó que no pudieron convencer a la gente de Ratto que lo que dije fue absolutamente espontáneo y que no había sido “preparada” por nadie. Resulta que esa publicidad, era de la agencia Ratto.

Muchos años después, contratada para conducir un evento de agencias de publicidad en un elegantísimo hotel de Buenos Aires, conocí a David Ratto y le conté la historia.

No se mostró impresionado. Parece que aquel personaje era su cuñado. Le aclaré que estaba muy agradecida. Quizás de haber obtenido aquel trabajo, aún sería la recepcionista de una agencia de publicidad y mi variada vida habría sido completamente diferente. Nunca lo sabré.

Carta Abierta A Mi Familia De Twitteros

Queridos amigos twitteros,

Quizás algunos sepan más de mí que otros. Para estos últimos, cuento que llevo varias décadas en esta pasión llamada periodismo. Escribo desde muy chica. Mi primera publicación en un diario local de mi Adrogué nativo me encontró con sólo 13 años.

He tenido múltiples comunicaciones con “mi” público a lo largo de los años. En la mayoría de los casos ha sido muy reconfortante para mi. Otras veces no tanto. Y cómico también. Como cuando un compañero de tareas trajo a su hijita al canal donde trabajaba y le dice a la niña: “esta es Lana, la que sale en la tele”, a lo que la pequeña contestó “es más linda por TV”. Jajaja!

O aquella vez en WNJU de Telemundo. Un hombre -supuestamente un admirador- me escribía cartas a mano todas las semanas (pre-internet), algunas de ellas conteniendo pequeñas piedras que –según él- provenían de “su planeta, Alfa Centauri”. Un día, como la recepcionista se negó a pasarle la llamada número 25 a mi interno, colgó el teléfono con la amenaza de “entonces voy para el canal”. Hubo que llamar a la policía, aunque no pasó a mayores.

La comunicación hoy es tan diferente. Leo lo que me escriben, y casi puedo adivinar características personales, el sentido del humor, la ironía, la cultura o la falta de ella. Es tan directo. No me refiero a los detractores: a quienes no conocen otra forma de comunicación que el insulto, los bloqueo sin miramientos.

Veo sus perfiles, muchos de los cuales lejos de mostrar quienes son, llevan fotos de sus perros o de celebridades importadas o personajes de historieta, con nombres o seudónimos que no me dejan claro si son hombre, mujer, joven, no tan joven, etc. Aunque revelan equipos favoritos, orgullo de padres, lugar de residencia. Detalles que disfruto.

Y si bien son todos argentinos (a Uds. va dirigida esta nota), están en Chivilicoy, Calafate, en Italia, Canadá o en Buenos Aires. En Alemania o Menchogue, Mar del Plata, La Plata, Bahía Blanca, Mendoza y más.

Tenemos muchas más cosas en común que las que nos separan, más allá de ser argentinos. Queremos un país mejor. Hemos visto lo que gente mala es capaz de hacer y cómo por décadas han manipulado mentes maleables para que los sigan como autómatas. No queremos eso. Ni para nuestros hijos ni para los hijos de los demás.

Soñamos con un futuro mejor para todos, en el verdadero sentido de la tan vapuleada palabra socialismo.

Cuando escribí esas pocas palabras que explicaban que mi futuro cercano me tendrá un poco alejada de las redes sociales, por un nuevo proyecto laboral (*), repentinamente me inundaron de tantos mensajes calurosos y amorosos, deseándome suerte y progreso, expresando una necesidad de que “no los abandone” que me conmovieron hasta las fibras más íntimas. De verdad.

Hasta fantaseé con decir “si sale elegido MM viajo a Baires y voy a organizar una reunión masiva para conocernos”. Claro que eso se choca con la realidad de que cada uno está en otra parte; que no tengo los medios para organizar una ‘reunioncita’ de miles de personas, y que probablemente mi posibilidad de viajar cuando recién empiezo en un nuevo trabajo será muy limitada. Pero si, fue una fantasía que me dió una caricia cálida en el corazón.

¿Y si ganan los malos? No. No puedo pensar así.

Ante esa alternativa recordé un programa de acá. Una comediante (Sarah Silverman) quien es anti Trump, hizo un programa llamado “I love you America” donde se relaciona con gente que piensa y cree todo lo opuesto a ella. Se mete en sus casas y hablan, intercambian ideas. Solo ví uno de los programas, pero me sorprendió. Cuando Sarah llega, la reciben fríamente, con recelo, casi con odio (la grieta no es exclusiva de Argentina). Y luego de la charla en la que tocan muchos temas e “intentan entenderse”, la tensión afloja. Ninguno cambia de “lado”, pero al menos se miran más humanamente, con paciencia y comprensión de ambos lados, terminan despidiéndose con abrazos y sonrisas relajadas.

Creo fervientemente que la confrontación no cambiará la mentalidad de nadie. Quizás haya otro camino. Si conoces a alguien que está en la vereda opuesta, por ahí lo mejor que podes hacer es juntar información e invitarlo/a para tomar un mate o un café, y tratar de explicarle tu punto de vista a la vez que preguntarle por el suyo. Quizás no logres mucho o simplemente deje de verte como el enemigo. Quizás lo que digo es de una inocencia utópica que no condice con mi madurez. Pero no queda otra. Está en juego la República, el futuro de todos los argentinos, y no hay otra opción que tomar la sartén por el mango e intentar hacer algo.

Como ya dije, muchos de vuestros tweets me estrujaron el corazón con mensajes de “no nos dejes”, como si mis palabras hicieran alguna diferencia. Solo soy una piba de Adrogué que decidió hacerse hippie y viajar por el mundo a los 18. Y cuando volvió 2 años después a los 20, sintió que ya no era de allá, ni de acá, ni de ninguna parte. Por eso tengo mi hogar donde están mis afectos. Huérfana de madre y padre, no puedo alejarme ni de mi hija que se quedará en este país, ni de mi pareja, quien nació y creció aquí.

No se sientan solos, ni huérfanos, ni impotentes. Está en sus manos luchar por lo que creen.

No desapareceré. Así sea en mi hora de almuerzo o antes de irme a dormir, seguiré apoyando ese ejército anónimo de gente que quiere lo mejor para sí y para los demás.

No soy “la de la tele”. Soy una persona como todos ustedes. He tenido mis dramas y dolores personales, mis pérdidas afectivas y económicas. Mi vida y la de mi familia han sido amenazadas. He llorado y he crecido. También he sido muy feliz. No soy más ni menos que ninguno de ustedes.

Los admiro porque viven una realidad muy dura e igualmente siguen adelante. Aquí estoy queridos twitteros. Gracias. No me iré a ninguna parte.

(*) Lo anunciaré en cuanto pueda. No es frente a cámaras.

No Te Mueras Sin Decirme A Donde Vas (1)

Tengo buen oído pero no he superado la categoría de “cantante de ducha”. Sin embargo cuento entre mis tesoros amistosos a muchos músicos y cantantes, a quienes admiro profundamente.

Tampoco soy directora de cine, pero he coleccionado una serie de “ellos” que han enriquecido mi vida.

Por alguna razón que será para siempre misteriosa, dos directores amigos fallecieron inesperada y prematuramente, dejándome para siempre en ese estado de conversación pendiente.

Uno fue Fabián Bielinsky (2). Nos conocimos allá a fines de los 70, ambos éramos muy jovencitos. El, asistente de asistente de producción. Yo modelo. Creo que no se me acercaba mucho porque seguramente se sentía intimidado por mi juventud y desparpajo. Muchos años después vi Nueve Reinas y El Aura, dos fenomenales películas que dirigió. “Algún día lo llamaré para felicitarlo”, pensé entonces.

A finales del 2005, viajé de visita a Buenos Aires y, montada en un taxi porteño vi en medio del tráfico una camioneta blanca con su nombre, su productora de cine. Era una señal. No sabía si me recordaba. Lo busqué y le escribí un mail, ya desde Miami, para felicitarlo por lo talentoso. Me contestó emocionado. Sorpresivamente se acordaba de mí mucho más que yo de él y estaba gratamente agradecido con mi comunicación. Intercambiamos unos pocos emails con la promesa de encontrarnos a tomar un café la próxima vez que coincidiéramos en una ciudad. Pocos meses después fallecía inesperadamente en un hotel de Brasil.

Conocí a Eduardo Mignona(3) entrevistándolo para un programa de TV que conducía. Que tipo cálido, inteligente y sensible. Quedamos en contacto y cada muerte de obispo, cuando regresaba a visitar a mis padres en Buenos Aires, nos hacíamos un ratito para intercambiar novedades. No hablábamos de la familia –de hecho nunca conocí a su esposa o hijos ni él a mi entonces marido ni hija-. Hablábamos de películas, de libros, de vivencias pasadas. Era como abrir un libro animado, o un audio/video libro. Muy sencillo y humilde, pero culto, divertido y profundo.

Me encantaban esas charlas. Así que en uno de tantos viajes, le mandé un mensaje diciéndole que llegaría a Baires a ver si se hacía un ratito para vernos. No me contestó. Me pareció raro. Insistí. Y nada. Silencio de radio. Pasó el tiempo, no sé cuánto. Un año quizás? Mas? Y de repente, se murió sin decirme a donde iba.

No se si por coquetería, ya que el maldito cáncer suele ser muy cruel, o por enojo con su suerte, decidió desaparecer de la vida publica, dejándome a mí y seguramente a muchos más, en la parte externa de su círculo íntimo.

Es desolador no poder despedirse. Me ha pasado muchas veces.

Cuando vivía en NYC, un productor con quien habíamos trabajado en Miami, Rick Rivero, se contagió Sida, una sentencia de muerte de la época. En ese momento ser gay y tener Sida conllevaba un estigma intolerable. El escondió su situación. Era fácil saberlo: afuera de la puerta de su habitación del hospital, decía claramente: “paciente con infección A.I.D.S. No tocar, no compartir bebidas, etc.”.

En nuestro acuerdo tácito, él hacía silencio y yo me hacía la tonta. Un día se murió sin darme la oportunidad de decirle que no me hacía ninguna diferencia que fuese gay ni que tuviese cualquier enfermedad. Que lo quería igual. Se fue para siempre, sin despedirse como se debe.

Esa brutal sensación de quedarte con cosas para decir o para hacer, como un abrazo eterno.

Por eso a mis amigos y seres queridos, les digo continuamente que los quiero. A veces me miran raro. A veces contestan rápidamente -para no quedarse atrás- que ellos también me quieren.

Date vuelta y decírselo a quien está al lado tuyo concentrándose en su celular. Llama a tus padres, familiares, amigos y decírselos. Ya. No hay tiempo que perder.

Cuando se mueran no te dirán a dónde van.

 

(1) título de una película de Eliseo Subiela

(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Fabi%C3%A1n_Bielinsky (3)https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Mignogna

Argentina Está Enferma

Dicen que el primer paso para superar una adicción es admitirlo. Y para superar una enfermedad, aceptar que se la tiene y combatirla.

Creo que la sociedad argentina está enferma.

Enfermó hace décadas con el advenimiento de un líder mesiánico como Perón, quien hizo creer -a parte de la población-, que se podía mamar de la teta del estado sin consecuencias y sin fin.

Esa madre lactante no vive de otra cosa que de “quienes trabajan y pagan impuestos”.

Después vino el resto de los vivísimos, que creyeron entender la fórmula Peronista: “mantener en la ignorancia al pueblo para manejarlo y explotarlo, mientras cree que está siendo beneficiado”. Usaron y siguen usando esa fórmula que tanta riqueza les ha dado. No riqueza espiritual, por supuesto.

Han vaciado las arcas de la nación argentina una y otra vez, sin ponerse colorados.

En las últimas décadas, la diferencia entre quienes trabajan y sostienen al estado y quienes viven de él, se ha ampliado a niveles insostenibles.

Quienes se acostumbraron a que no hay que trabajar para vivir, se niegan a cambiar. Llevan varias generaciones así.

Con el agravante de la mafiosa actuación de los mal llamados gremialistas, quienes sistemáticamente se han enriquecido a costa de sus representados, y no han mejorado en nada la situación de los trabajadores.

Si Argentina no admite que está enferma, que tiene una sociedad adicta y una enfermedad que curar, estará destinada a la desintegración total. Se que suena muy negativo, pero no es así.

Si te dan un diagnóstico de cáncer no terminal, cual seria tu plan de acción? Escribís un testamento y te tiras de un puente? O buscas las mejores posibilidades de curarte?

Por favor argentino, tal cual harías con un diagnóstico de una enfermedad grave: pensá en tus hijos, tus nietos, tu familia y lucha por encontrar una cura. Vale la pena.

Lana Montalban

 

 

Vacuna Anti Culebrilla. No Esperes.

Queridos argentinos:

Espero que a la tierra de las pampas no haya llegado el flagelo conocido como “Movimiento Anti-Vacunas”, que viene castigando sin parar al gran país del Norte donde habito, y que está creando devastadoras consecuencias basado en cero (si, cero) evidencia científica, que relaciona la vacunación con el autismo y otros problemas inventados.

Este interesante artículo de Infobae, anuncia que la vacuna contra la llamada “culebrilla” o herpes zóster está ahora disponible en el país.

¿Tuviste varicela? ¿No sabes si tuviste varicela? ¡Si tienes más de 40 años, por favor date la vacuna!

Mi mamá murió de culebrilla en 2016. No directamente, pero sí. Tenía jóvenes e independientes 91 años, así que no hagan caso a los números que describen que el riesgo es hasta “los 60”. Como las dolorosisimas ampollas típicas de la enfermedad tardan unos días en salir, la diagnosticaron mal, y le dieron medicamentos que la mataron. Así nomás.

El especialista en enfermedades infecciosas, Dr. Daniel Stamboulian, describió en el artículo a una de las complicaciones típicas como “un dolor incomparable”.

Así que, a hacer la cita y a vacunarse, como hice después del fallecimiento de mi viejita.

Aquí el enlace con la nota: https://www.infobae.com/2014/09/25/1597358-la-culebrilla-ahora-tiene-vacuna-la-argentina/