Contaré Al Revés (For English Scroll Down)

Hace días que me da vuelta una idea en la cabeza y la quiero escribir, pero me preocupa que no se entienda bien el concepto. O que se entienda y suene negativo. Aquí voy.

Cuando festejamos un cumpleaños, lo que estamos diciendo es: “celebremos que pasaron tantos años desde el momento en el cual salimos de la panza de nuestras madres”. O en otras palabras: “hagamos una celebración por haber vivido o sobrevivido todos estos años, sean 15, 25 o 70”.

Nunca fui buena en matemáticas pero los números me encantan para ciertas cosas. Por ejemplo para pensar en cuentas regresivas como la siguiente. ¿Cuantos años de vida me quedaran? Quién puede saberlo. Si no me pisa un camión, ni me caigo tontamente en una escalera mojada y me parto el cráneo, si no me da una enfermedad mortal, digamos que, con toda la furia, viviré unos 30 años más. De ellos, ¿cuántos serán años con “calidad de vida? Me refiero a que podré seguir caminando sin que me duela, podre levantarme sola del inodoro, podre dormir sin reflujo gástrico o problemas respiratorios, dolores artríticos y las millones de cosas que le pasan a la población en general cuando envejece.

¿Me siguen por ahora? Cada uno haga su propio cálculo obviamente.

Digamos que, de una buena calidad de vida, me quedan 20 años.

Si los últimos 20 se pasaron volando y la sensación es que el proceso se acelera cada vez más, no puedo ignorar que los próximos 20 pasarán como un tren bala japonés.

O acaso no les parece increible que, para cuando publique esto en mi blog, el primer mes del año 2020 ya se haya terminado.

Por eso quiero hacer otra cosa a partir de ahora. Mi cumpleaños es el 27 de julio. He decidido cambiar la estrategia. Voy a festejar el tiempo que me queda y no lo ya vivido. De esa forma, cuando celebre el 27 de julio de 2020, serán 30 velitas, y en el 2021 serán 29 y así sucesivamente.

Volviendo a las matemáticas.

Si cada día tiene 24 horas, cada año tiene 8.760 horas

30 años son 262.800 horas y 15.768.000 minutos. ¡Casi 16 millones de minutos! Parecen muchos, a menos que nos demos cuenta que hoy, 30 de enero, en lo que va de 2020 ya usamos 43.200 de esos minutos.

Quizás de esa forma logre tomar conciencia de lo finito de mi tiempo en esta tierra, de que cada minuto que sufro o no disfruto es un minuto desperdiciado de la cantidad total que me quedan.

Visto así es más fácil enfocarse en no desperdiciar el tiempo en nimiedades, en tristezas, en enojos con quienes queremos. Hay que tener premura para decir lo que sentimos a quienes nos rodean, hacer las cosas que nos hacen felices, incluyendo comer ese alfajor o tomar ese vino. Dedicar tiempo a nuestros seres amados, a nuestros hobbies, a nuestras mascotas. Sonreír más, aún sin razón. Tener menos la razón y dar más abrazos. Leer más libros, escuchar más música, hacer ese curso que dejamos pendiente desde siempre, porque la realidad es que la “fecha de vencimiento estimada”, puede cambiar por miles de circunstancias impredecibles. La mayoría de quienes ya no están, no lo tenían en sus agendas. Fueron sorprendidos inesperadamente y seguro que cuando quisieron darse cuenta, ya estaban en otra dimensión.

Espero no tomes este escrito con pesimismo o negatividad sino todo lo contrario, que el mismo te de más ganas de respirar profundo y disfrutar más cada uno de los minutos que te quedan.

Desde que empecé a escribir esto, tuve que descontar 60. No hay tiempo que perder.

English Version.

I’m Are Counting It The Other Way Around

I have had an idea in my head for days and I want to write it, but I am worried that the concept may not be well understood. Or that it is understood and sounds negative. Here I go.

When we celebrate a birthday, what we are saying is: “Let’s celebrate that so many years have passed since the moment we left our mothers’ bellies.” Or in other words: “Let’s make a celebration for having lived or survived all these years, whether it is 15, 25 or 70”.

I was never good at math but I love numbers for certain things. For example to think about countdowns like the following. How many years of life will I have left? Who knows? If I do not get killed by a truck, nor do I fall foolishly on a wet staircase and break my skull, or I don’t get a deadly disease, let’s say that, with a lot of optimism, I will live for 30 more years. How many of them will be years with “quality of life? I mean, I can keep walking without hurting all over, I can get up alone from the toilet, I can sleep without gastric reflux or respiratory problems, arthritic pains and the millions of things that happen to the general population as they age.

Do you follow me for now? Everyone obviously must make their own calculation.

Let’s say that, with a good quality of life, I have 20 years left.

If the last 20 years flew by and the feeling is that the process is accelerating more and more, I cannot ignore that the next 20 will pass like a Japanese bullet train.

Doesn’t it seem incredible to you that, by the time I publish this on my blog, the first month of 2020 is over?

That’s why I want to do something else from now on. My birthday is July 27th. I have decided to change the strategy. I will celebrate the time I have left instead of the one I already lived. That way, when I celebrate on July 27th, 2020, it will be 30 candles, and in 2021 it will be 29 and so on.

Going back to math.

If each day has 24 hours, each year has 8,760 hours

30 years are 262,800 hours and 15,768,000 minutes. Almost 16 million minutes! It seems like a lot, unless we realize that today, January 30st, so far in 2020 we already used 43,200 of those minutes.

Perhaps that way I can become aware of how finite my time on this earth is, that every minute I suffer or do not enjoy is a wasted minute of the total amount I have left.

Seen this way, it is easier to focus on not wasting time on trivialities, on sorrows, on anger with those we love. We must hurry up to say what we feel to those around us, do the things that make us happy, including eating that chocolate cake or drinking that wine. Spend time with our loved ones, our hobbies, and our pets. We need to smile more, even without reason. Be less right and give more hugs. Read more books, listen to more music, do that course that we have always left pending, because the reality is that the “estimated expiration date” can change due to thousands of unpredictable circumstances. Most of those who are no longer around didn’t have it on their calendars. They were unexpectedly surprised and I’m quite sure that when they realized it, they were already in another dimension.

I hope you do not take this writing with pessimism or negativity but quite the opposite; I hope it makes you feel more like breathing deeply and enjoying each one of the minutes you have left.

Since I started writing this, I had to discount 60 minutes. There is no time to waste.

 

 

Carta Abierta A Mi Familia De Twitteros

Queridos amigos twitteros,

Quizás algunos sepan más de mí que otros. Para estos últimos, cuento que llevo varias décadas en esta pasión llamada periodismo. Escribo desde muy chica. Mi primera publicación en un diario local de mi Adrogué nativo me encontró con sólo 13 años.

He tenido múltiples comunicaciones con “mi” público a lo largo de los años. En la mayoría de los casos ha sido muy reconfortante para mi. Otras veces no tanto. Y cómico también. Como cuando un compañero de tareas trajo a su hijita al canal donde trabajaba y le dice a la niña: “esta es Lana, la que sale en la tele”, a lo que la pequeña contestó “es más linda por TV”. Jajaja!

O aquella vez en WNJU de Telemundo. Un hombre -supuestamente un admirador- me escribía cartas a mano todas las semanas (pre-internet), algunas de ellas conteniendo pequeñas piedras que –según él- provenían de “su planeta, Alfa Centauri”. Un día, como la recepcionista se negó a pasarle la llamada número 25 a mi interno, colgó el teléfono con la amenaza de “entonces voy para el canal”. Hubo que llamar a la policía, aunque no pasó a mayores.

La comunicación hoy es tan diferente. Leo lo que me escriben, y casi puedo adivinar características personales, el sentido del humor, la ironía, la cultura o la falta de ella. Es tan directo. No me refiero a los detractores: a quienes no conocen otra forma de comunicación que el insulto, los bloqueo sin miramientos.

Veo sus perfiles, muchos de los cuales lejos de mostrar quienes son, llevan fotos de sus perros o de celebridades importadas o personajes de historieta, con nombres o seudónimos que no me dejan claro si son hombre, mujer, joven, no tan joven, etc. Aunque revelan equipos favoritos, orgullo de padres, lugar de residencia. Detalles que disfruto.

Y si bien son todos argentinos (a Uds. va dirigida esta nota), están en Chivilicoy, Calafate, en Italia, Canadá o en Buenos Aires. En Alemania o Menchogue, Mar del Plata, La Plata, Bahía Blanca, Mendoza y más.

Tenemos muchas más cosas en común que las que nos separan, más allá de ser argentinos. Queremos un país mejor. Hemos visto lo que gente mala es capaz de hacer y cómo por décadas han manipulado mentes maleables para que los sigan como autómatas. No queremos eso. Ni para nuestros hijos ni para los hijos de los demás.

Soñamos con un futuro mejor para todos, en el verdadero sentido de la tan vapuleada palabra socialismo.

Cuando escribí esas pocas palabras que explicaban que mi futuro cercano me tendrá un poco alejada de las redes sociales, por un nuevo proyecto laboral (*), repentinamente me inundaron de tantos mensajes calurosos y amorosos, deseándome suerte y progreso, expresando una necesidad de que “no los abandone” que me conmovieron hasta las fibras más íntimas. De verdad.

Hasta fantaseé con decir “si sale elegido MM viajo a Baires y voy a organizar una reunión masiva para conocernos”. Claro que eso se choca con la realidad de que cada uno está en otra parte; que no tengo los medios para organizar una ‘reunioncita’ de miles de personas, y que probablemente mi posibilidad de viajar cuando recién empiezo en un nuevo trabajo será muy limitada. Pero si, fue una fantasía que me dió una caricia cálida en el corazón.

¿Y si ganan los malos? No. No puedo pensar así.

Ante esa alternativa recordé un programa de acá. Una comediante (Sarah Silverman) quien es anti Trump, hizo un programa llamado “I love you America” donde se relaciona con gente que piensa y cree todo lo opuesto a ella. Se mete en sus casas y hablan, intercambian ideas. Solo ví uno de los programas, pero me sorprendió. Cuando Sarah llega, la reciben fríamente, con recelo, casi con odio (la grieta no es exclusiva de Argentina). Y luego de la charla en la que tocan muchos temas e “intentan entenderse”, la tensión afloja. Ninguno cambia de “lado”, pero al menos se miran más humanamente, con paciencia y comprensión de ambos lados, terminan despidiéndose con abrazos y sonrisas relajadas.

Creo fervientemente que la confrontación no cambiará la mentalidad de nadie. Quizás haya otro camino. Si conoces a alguien que está en la vereda opuesta, por ahí lo mejor que podes hacer es juntar información e invitarlo/a para tomar un mate o un café, y tratar de explicarle tu punto de vista a la vez que preguntarle por el suyo. Quizás no logres mucho o simplemente deje de verte como el enemigo. Quizás lo que digo es de una inocencia utópica que no condice con mi madurez. Pero no queda otra. Está en juego la República, el futuro de todos los argentinos, y no hay otra opción que tomar la sartén por el mango e intentar hacer algo.

Como ya dije, muchos de vuestros tweets me estrujaron el corazón con mensajes de “no nos dejes”, como si mis palabras hicieran alguna diferencia. Solo soy una piba de Adrogué que decidió hacerse hippie y viajar por el mundo a los 18. Y cuando volvió 2 años después a los 20, sintió que ya no era de allá, ni de acá, ni de ninguna parte. Por eso tengo mi hogar donde están mis afectos. Huérfana de madre y padre, no puedo alejarme ni de mi hija que se quedará en este país, ni de mi pareja, quien nació y creció aquí.

No se sientan solos, ni huérfanos, ni impotentes. Está en sus manos luchar por lo que creen.

No desapareceré. Así sea en mi hora de almuerzo o antes de irme a dormir, seguiré apoyando ese ejército anónimo de gente que quiere lo mejor para sí y para los demás.

No soy “la de la tele”. Soy una persona como todos ustedes. He tenido mis dramas y dolores personales, mis pérdidas afectivas y económicas. Mi vida y la de mi familia han sido amenazadas. He llorado y he crecido. También he sido muy feliz. No soy más ni menos que ninguno de ustedes.

Los admiro porque viven una realidad muy dura e igualmente siguen adelante. Aquí estoy queridos twitteros. Gracias. No me iré a ninguna parte.

(*) Lo anunciaré en cuanto pueda. No es frente a cámaras.

Una Analogía con la Vida

Me gusta pensar que soy una especie de “defensora de pobres y ausentes”, y una de sus manifestaciones es que a través de los años he “adoptado” plantas abandonadas. Esas que mis vecinos de turno ponen en el lugar de la basura porque se han rendido ante sus hojas marrones o amarillas y las han reemplazado por otras nuevas, bien verdes y rozagantes.
Sin poder evitarlo, he tomado posesión de esos seres vivos en vías de una muerte inmediata con la intención de salvarlas.
Lo hice hace unos 10 años con un “árbol del dinero” (Plectranthus verticillatus) que encontré, que medía unos 30 centímetros en total y constaba de tres ramitas entrelazadas en forma de trenza (¿eso es redundante?). Por al menos cinco años, la cuidé amorosamente, pero solo producía pequeñísimas hojitas que se ponían amarillas y se caían. En todos esos años no creció absolutamente nada. Mis cuidados evitaban que se muriera pero estaba siempre agonizante.
Un día le presté más atención y noté que una de las ramitas no daba hojas. Parecía seca. La desenredé cuidadosamente y la extraje por completo. Efectivamente, estaba seca. A partir de ése momento, como un cuento de Juanito y las habichuelas mágicas, la planta reverdeció y empezó a crecer…y crecer…y crecer hasta convertirse en un árbol.
Es una buena analogía con la vida. A veces tenemos una parte seca o muerta en nuestras vidas que no nos permite crecer, mejorar, ser felices o ser exitosos. Puede ser un trauma no resuelto, o una relación enfermiza o simplemente mala, o un miedo que no podemos superar o una infinidad de factores.
Es importante mirarnos con mucho cuidado y atención para identificar esa rama seca que nos tiene abrazados en apariencia, pero restringidos en realidad, y que nos impide crecer, superarnos, alcanzar nuestras metas y como logro final, ser más felices en nuestras vidas.

Lo Fugaz de la Vida

Baston
“Nadie tiene la vaca atada”. (Dicho argentino que indica que no somos dueños de la vida)

Hace no más de un par de semanas la vi a la señora Olga, la mujer de 97 años que vivía en mi edificio y que conocí hace 6 años cuando, como miembro del consorcio, fue la encargada de entrevistarnos junto a mi hija para aprobar nuestra mudanza al condominio.

Hace días, les contaba, ella caminaba erguida, ayudada más que nada “moralmente” por su asistente, mientras visitaba a unos niños vecinos míos.

Anteayer a la noche le pidió a su ayudante que la bañara. Se despertó como a las 2 de la mañana y pidió asistencia para ir al baño. Luego se durmió y ya no volvió a despertar.

Querida y respetada por quienes la conocíamos, era la imagen de la perfección: coqueta hasta el último día, su pelo blanco como la nieve siempre prolijamente peinado, tenia una memoria que aún con muchas menos décadas de vida le envidio y una sonrisa lista para ser compartida en todo momento.

Tuvo una vida satisfactoria y una muerte dulce como diría Simone de Beauvoir hablando de su madre. Creo que todos quisiéramos irnos así, sin sentirlo y sin sufrirlo.
Ella solía decir que “estaba lista”, que “cuando la llamaran desde arriba, se iría”.

Aparentemente se bañó y se arregló para éste viaje sin regreso.
Seguro la habrán recibido con las mismas sonrisas que ella seguirá repartiendo.