Mi Experiencia Con El Apartheid

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A punto de cumplir 19 años, llegué a Londres de mochilera, aunque en barco. Un amigo que conocí viajando en los meses anteriores me ayudó a encontrar un lugar donde vivir. El compartía un “flat” como le dicen allá a los departamentos, con una pareja irlandesa y había un tercer dormitorio que se convertiría en mi casa londinense por 3 meses. Los cuatro compartíamos cocina, comedor y baño, el cual, les extrañará igual que a mí, no tenía ducha, sólo bañera. Mi primer gasto fue comprar una manguera de goma con ducha en la punta, que inserté rápidamente en la canilla de la bañera que me rehusaba a utilizar. Como detalle al margen, mi amigo y compañero de casa, no se bañó (ni con ducha ni con baño de inmersión) en lo que duró mi estadía. Su habitación olía como un refugio de animales salvajes.

No tenía reservas y necesitaba conseguir un trabajo urgente. No recuerdo como encontré uno como mucama en un hotel de segunda categoría. Allí los empleados (ninguno era británico, y nadie tenía permiso de trabajo) veníamos de todas partes del mundo. Había una española que fue a aprender inglés, gente de Bolivia y otros lugares que no recuerdo. Lo que nunca olvidaré fue una experiencia muy desagradable.

Era la época del apartheid en Sudáfrica. Un grupo de jugadores de cricket de ésa nacionalidad se estaba quedando en el hotel. Todos blancos. A mí me tocaba limpiar la habitación de uno de ellos. Se notaba claramente que estaban acostumbrados a tratar a “cierta gente” como ciudadanos de segunda clase, sin consideración alguna. Era una tarea muy desagradable. Más allá de tener que ocuparse de la suciedad ajena, el joven, quien me llevaría unos 5 años, dejaba su ropa sucia y maloliente tirada por todo el piso de la habitación. No nos daban guantes descartables. Yo la pateaba toda junta hacia un rincón y la levantaba usando una toalla limpia para dejarla sobre una silla. Limpiaba el cuarto y me iba. Solo lo vi brevemente una vez. Ni me saludó. Lo peor le tocó a la chica española. Una jovencita fina y educada. La encontré llorando en el corredor y le pregunté que le pasaba. El huésped de ella, cuando estaba por retirarse del hotel, le dijo “puedes quedarte con el jabón que usé”. Una innecesaria humillación extra a quien no podía defenderse. Le contesté con una frase que desde entonces he utilizado muchas veces para describir a personas malas o deshonestas: “lo peor que le puede pasar a él es que tiene que convivir consigo mismo las 24 horas del día. Ese es su castigo”.

No puedo ni imaginar lo que habían vivido los sudafricanos negros durante ese periodo nefasto.

My Experience With Apartheid

About to turn 19, I came to London as a backpacker, although by ferry. A friend I met traveling in the previous months helped me find a place to live. He shared a “flat”, as they call apartments there, with an Irish couple and there was a third bedroom that would become my London home for 3 months. The four of us shared a kitchen, a dining room and a bathroom, which shockingly did not have a shower, only a bathtub. My first expense was buying a rubber hose with a shower on the tip, which I quickly inserted into the tub spigot for I refused to use it otherwise. As a side note, my friend and housemate did not bathe (or shower or dip bath) during my stay. His room smelled like a shelter for wild animals. I had no savings and needed to get a job as soon as possible. I do not remember how I found one as a maid in a second-class hotel. There the employees (none were British, and no one had a work permit) came from all over the world. There was a Spaniard who went to learn English, people from Bolivia and other places that I do not remember. What I will never forget was a very unpleasant experience.

It was the apartheid era in South Africa. A group of cricket players of that nationality were staying at the hotel. All white. I had to clean the room of one of them. It was clear that they were accustomed to treating “certain people” as second-class citizens, without any consideration. It was a very unpleasant task. Beyond having to deal with other people’s dirt, the young man, who was about 5 years my senior, left his dirty and smelly clothes lying all over the floor of the room. They did not give us disposable gloves. I kicked them all the way to a corner and lifted them up using a clean towel to put them on a chair. I cleaned the room and left. I only saw the guest briefly once. He didn’t even say hello. The Spanish girl got the worst of it. She was a fine and educated girl. I found her crying in the corridor and I asked her what was wrong. As her guest was about to leave the hotel, said to her “you can keep the soap that I used.” An unnecessary extra humiliation to someone who could not defend herself. I replied with a phrase that I have used many times since to describe bad or dishonest people: “the worst thing that can happen to him is that he has to live with himself 24 hours a day. That is his punishment. ” I can’t even imagine what the black South Africans had to experience during that nefarious period.

 

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